miércoles, 30 de enero de 2008

Lejos


Con un frío glacial, digno de la Escocia a cuya aristocracia pertenecieron varios de sus retratados, voy a Madrid, al Museo Thyssen, a la exposición que se detiene en los paralelismos entre los pintores Sargent y Sorolla. Qué galanura la de Lady Agnew de Lochnaw, pelo negro, piel blanca sobre gasa violeta, cuya efigie nos deslumbró ya hace veinte años en la National Gallery of Scotland, frente a la Princes Street de Edimburgo. Y qué revelador del carácter de Robert Louis Stevenson, que vivía a un tiro de piedra, otro lienzo de Sargent en que aquél andurrea, rumiando páginas, y se dispone a abandonar la habitación, el cuadro, donde permanece apoltronada su esposa. Parece que el escritor ya tiene un pie en las arenas de los Mares del Sur, y la brisa presentida de Samoa ya le orea la roja cabellera, que se nos antoja palma sobre el esbelto cocotero de su feble cuerpo. A Henry James, de quien también hizo célebre retrato, Sargent dijo que Stevenson era “la criatura más intensa que haya conocido nunca”. Además del expuesto en Madrid, Sargent pintó otros retratos del autor de El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde.

Sargent anteponía a su apellido John Singer (casi el John Silver de La isla del tesoro), y aunque norteamericano fue nacido en Florencia. Sorolla, que a su vez pintó a Blasco Ibáñez, a Pérez de Ayala, a Echegaray, es un pintor valioso, quién lo niega, pero a mí dadme las brumas del Norte. Uno busca siempre otras latitudes. Como los padres de Sargent y él mismo, como Stevenson, buscaron el sol mediterráneo o el del Pacífico.


(Publicado en Mercurio, 2007)

1 comentario:

samsa777 dijo...

Siempre me hipnotizó este cuadro: fabulosas las dos entradas.