sábado, 21 de junio de 2008

La batalla de Maldon


Vaya aquí, de manera parcial y provisonal, hasta que un día me decida a acabarla, la traducción con resabios aliterativos del poema anglosajón altomedieval "La batalla de Maldon". Esta refriega entre ingleses y vikingos tuvo lugar el 10 de agosto de 991, en el sureste de Inglaterra. La información sobre el contexto del poema se puede leer en mi libro Los siglos de la luz, publicado por la editorial Berenice.


LA BATALLA DE MALDON

... quedaría destrozado.
A cada joven jinete urgió a que dejara
el caballo, llevarlo allende, y a pie
con vigor en el brazo y valor avanzar.
Tan pronto el pariente de Offa entendió
que no toleraría el eorl timoratos,
soltó de su mano a su muy amado halcón
que al bosque volara, y corrió hacia el combate.
Pudo comprobarse que no pretendía
la lucha eludir al alzar él las armas.
También quiso Edric a su jefe y señor
auxiliar en la lucha; con la lanza adelante
avanzó en la batalla. Valor no faltóle
sosteniendo el escudo y la espada anchurosa
mientras pudo su mano. Cumplió el juramento
de estar con su caudillo codo con codo.
Byrhynoth después dispuso a sus hombres.
En medio de ellos cabalgando ordenó
y enseñó a los soldados así a resistir:
asiendo el escudo sólidamente,
prietos los puños, sin pánico alguno.
Habiendo ubicado bien a la tropa,
donde a él más le plugo puso pie en tierra,
con su propia mesnada, la más firme y fiel.
Fieramente en la orilla gritó un mensajero,
el vikingo que vino de bravatas cargado.
De su pueblo soberbio, del mar vagabundo,
ante el eorl en la arena el heraldo anunció:
“Me envían hasta ti valientes marinos,
ordenan que anillos ya mismo les lleves
por su protección; que es preferible
que tú des tributo el ataque evitando
que no que comience un cruento combate.
Si tienes bastante que dar, no habrá muerte,
tendrás nuestra tregua en trueque del oro.
Si tú, que entre todos los tuyos destacas,
abrazas librar de mal a tus hombres,
da a los marinos la suma que marquen
en pacto de paz, y en pago nosotros
subiremos a bordo de los barcos, y luego
pacíficamente sin más partiremos.”
Byrhtnoth habló blandiendo la lanza,
la fina de fresno, y, fiero, el escudo
cogió con coraje; así contestó:
“¿Oyes, navegante, lo que grita esta hueste?
Tributo de lanzas tendréis de nosotros,
puntas mortales, antiguas espadas
que no os servirán de nada en la pugna.
Del mar mensajero, ve y comunica
aún más ingrata noticia a los tuyos:
que aquí encontrarán un eorl con su tropa
que fiel su país sabrá defender,
las gentes y tierras todas del reino
de mi rey Etelred. Habrán de en la guerra
perecer los paganos. Sería despreciable
que a las naves ahora llevarais el oro
sin pugna ninguna, ya que tan hondo
habéis penetrado en nuestro país.
No fácilmente tendréis el tesoro.
De puntas y filos feroz lucha habrá
antes que nosotros tributo entreguemos”.
A la hueste de escudos mandó que avanzara
y todos formaron en la orilla del río.
A ambos bandos las aguas cerraban el paso,
subía la pleamar pasado el reflujo,
la rauda corriente. Muy largo el tiempo
se les hizo, impacientes por cruzar sus lanzadas.
Estaban junto al Panta ansiando contienda
los mejores sajones y el marítimo ejército:
ninguno podía dañar a enemigo
si no lo mataba por vuelo de flecha.
Bajó la marea. Muchos marinos,
violentos vikingos, pusiéronse en guardia.
El señor de los héroes a un guerrero ordenó,
el arrojado Wulfstan –era hijo de Kela–,
avezado en la lucha, que el vado guardara.
Fue él quien mató con su lanza al primero
que venía por el vado avanzando arrogante.
Fueron con Wulfstan dos fieros guerreros,
Aelfer y Maccus, arrojados ambos,
que no pretendían del paso escapar:
al contrario, lucharon contra aquel contendiente
en tanto sus armas pudieron usar.
Habiendo observado y visto que hallaban
terribles guerreros guardando aquel río,
tramaron traición los hostiles intrusos:
pidieron les fuera permitido pasar
a través de aquel vado, trasladar a su tropa.
Entonces el eorl, con confianza excesiva,
demasiado terreno dejó al pueblo odiado.
Luego gritó sobre las aguas frías
el hijo de Byrhthelm, escucharon los hombres...

3 comentarios:

inwit dijo...

Quisiera dejar dicho y lo hago, para que no se pierda en el remolino de páginas y enlaces, que dejo referencia a esta lograda traducción en la transcripción de Maldon: después de la batalla, el poema de Fernando Quiñones que hace referencia a esta balada. Es aquí. Salud!

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Muchísimas gracias. Qué grande el poema del impar Quiñones, uno de quienes más temprano y mejor conocieron y amaron el universo borgeano. Una curiosidad: en la lápida de Borges, en Ginebra, están grabadas unas palabras, en el original anglosajón, del poema "La batalla de Maldon". Saludos.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Muchísimas gracias. Qué grande el poema del impar Quiñones, uno de quienes más temprano y mejor conocieron y amaron el universo borgeano. Una curiosidad: en la lápida de Borges, en Ginebra, están grabadas unas palabras, en el original anglosajón, del poema "La batalla de Maldon". Saludos.