jueves, 18 de septiembre de 2008

Desde fuera


Esto de los blogs tiene sus recompensas, que no todo es dejarse las pestañas en el ordenador. Una de ellas es entrar en contacto con personas que uno admira, a las que leía de antiguo en ese otro formato, el papel, y con los que un día cruza un comentario, y otro empieza a visitar su página a menudo, y ya se hace vecino, colindante, aunque diste de él, físicamente, un buen puñado de kilómetros. Por eso se disgusta uno, como amigo novicio, cuando se entera de noticias adversas, de mezquindades de las que pueda ser víctima un compañero de bitácoras y enlaces. Y se lamenta de que en algunos blogs, como éste del que hoy me ocupo, no haya posibilidad de dejar comentarios, para dejar un abrazo. Pero si no en su casa, lo dejaré en la mía.

Álvaro Valverde, gran poeta, estrena libro y libertad. De Tusquets ha salido hace unas semanas su más reciente poemario, Desde fuera. Y desde fuera ve Valverde ahora el mundo de la edición institucional, pues desde hace unos días ya no dirige la Editora Regional de Extremadura, en la que ha dejado tan buenos frutos. Cesado de mala manera, cualquiera diría que trabajaba para ese gran grupo editorial de Barcelona, maestro en esas puñaladas. Pero no entraré en las miserias de plutócratas o políticos: la buena noticia es el poemario. Extenso, variado, siempre de gran altura, como del poeta que lo ha escrito, no defrauda. Para la creciente cofradía de amigos en Cirlot, en que milito, un hermoso homenaje al poeta barcelonés: "El señor de la guerra". Os recomiendo su lectura. Como aperitivo, copio aquí el poema que da título al libro:
DESDE FUERA
Vivir es deslizarse, repetiste,
captar nuestra existencia de soslayo
o verla desde lejos, en lo alto,
con la perplejidad del que contempla.
Los que te conocieron aseguran
que tu viviste así, que no hubo nada
ni nadie que pudiera desviarte
ni un ápice siquiera de ese trazo
que le diste por fin a tu camino.
Esa senda emboscada conducía
a una casa perdida entre los páramos.
Sobre aquel pedregal erosionado,
bajo la ardiente luz de los veranos,
una sombra precisa dibujaba
el estupor final de tu extravío.
En ese santuario estableciste
una visión del mundo peligrosa.
Rogabas a los dioses con frecuencia
que no nos castigaran con desgracias
(capaces en su ardor de destruirnos)
sin antes enseñarnos lo importante:
la frágil transparencia de la vida.

5 comentarios:

Alfaraz dijo...

El enlace no va y nos quedamos sin conocer el Blog. Una corrección...prego!

.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Corregido. Es el blog del propio Valverde. Y gracias por el aviso.

Sergio dijo...

Sigue sin funcionar el enlace. Le falta el punto antes de "blogspot".

Un saludo.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Gracias también a ti, Sergio. Ya le he dado esa puntada que faltaba.

TOMÁS dijo...

Un libro magnífico. Saludos, Antonio.
http://tropicodelamancha.blogspot.com