sábado, 11 de octubre de 2008

Las secuoyas



Compuse este poema a la vuelta de un reciente viaje a los Estados Unidos y el paso por el Parque Nacional de Yosemite y su cercano Mariposa Grove, donde se alzan las antiquísimas y magnas secuoyas. De Yosemite hablaré próximamente en el suplemento "El Viajero", de El País. Pero he aquí en verso la traslación de la experiencia:


LAS SECUOYAS

Bajas por el sendero que te deja
ante sus troncos gruesos, las columnas
del templo que sostiene un universo
en que el bosque era al tiempo altar y dioses.
En el fondo del valle, en otra era
árboles que habitan la memoria.
Éste brotó cuando Héctor
fue ocupando sus pies en los hexámetros;
aquél cuando en Judea un niño vino
para al cabo abrazarse a otros leños;
el más joven tiene la edad
del oro en las vidrieras góticas o el oro
acuñado en monedas que un día
jarcias compró para Colón y hombres.
Uno, derribado, es un grito
de raíces torcidas; otro, a horcajadas, un pórtico
que atraviesa un camino.
En el fondo del valle, en otra era,
todo aquí tiene otro compás y otra escala.

A la vuelta, regresas jadeando
como un animal que en minutos pasa
de pez a anfibio, y de éste a hombre,
y aún no le obedecen los pulmones.

4 comentarios:

marisa dijo...

Me gusta mucho la evocación histórica, el pasado abrazado al árbol que lo contempla todo, perenne. Las imágenes visuales de los árboles como "grito de raíces torcidas" o de "pórtico que atraviesa un camino" son muy acertadas. Un poema de viajero que capta la belleza que se despliega, de repente, ante sus ojos. Un abrazo.

Antonio Serrano Cueto dijo...

Espléndido poema, Antonio. Árboles de la memoria como jalones en la historia...
Un saludo.

sergio astorga dijo...

Un saludo pulmonar desde Jemez Moutain donde los abismos temporales tinen rostros de roca y vientos circulares.
Sergio Astorga

Jesús Cotta Lobato dijo...

Querido Antonio: me he quedado asombrado de nuestra coincidencia. No sólo coincidimos en el tema, sino que ambos nos referimos a un personaje de la mitología y a Cristo. ¿Qué red de lecturas comunes y sentimientos han podido llevar a dos hombres dispares y distintos a sentir lo mismo ante esos árboles maravillosos? Debo decir que este poema es de los pocos que tengo publicados, en la revista Nadie parecía, pero que yo nunca he visto las secuoyas como tú. El poema nació de la admiración de alguien que las visitó y me contó su experiencia. Me alegro de coincidir contigo. Tu poema es egregio, contundente, brillante, ingenioso, digno de las secuoyas. Y no sé cómo, pero esta entrada tuya se me había escapado. Me gustaría leer un libro tuyo de poesía. Ex corde,
Jesús Cotta