martes, 23 de diciembre de 2008

Dos apellidos


En mí, Antonio Rivero Taravillo,

la boda articulada de dos nombres

que, juntos, en las venas se confunden,

los ecos de familias que se ensanchan

hasta ser este erial en que terminan.

¿Un nombre largo? Largo es el olvido.

Yo los conservo en cuanto escribo

como una alianza perdurable,

porque en el fondo sé que significan,

–jornadas de cortejo y de paseos,

el dolor, la emoción, lo compartido–

sinónimos que esconden los más íntimos

Fernando y Manolita.

Nunca

dos nombres se fundieron con más fuerza,

pues no firmo con tinta: firmo sangre

transparente en sus sendos apellidos,

como esos pegamentos que, al soldarse,

se hacen aleación indivisible.


14 comentarios:

marisa dijo...

Precioso poema Antonio, que nos invita a reflexionar sobre la ascendencia, la descendencia, lo que somos, lo que hemos sido y lo que dejaremos en herencia a los que vendrán... Un placer leerte, "para no hacer mudanza en la costumbre".

Lola dijo...

Un buen homenaje a los padres, presentes en nuestros apellidos, y muy apropiado en estos días.
Felices Fiestas, Antonio, y buen año.

Mery dijo...

Estos versos en manos de los padres ha de arrancarles lágrimas a la fuerza.
Es mas, yo quisiera haberlo escrito, pero te me has adelantado y , como dicen los mexicanos, "ya ni modo".
Un abrazo y Feliz Navidad

Jesús Beades dijo...

Me recuerda aquel "Para que yo me llame Ángel Gónzalez".

Rafael G. Organvídez dijo...

¡Sí señor!

Luis Spencer dijo...

Armonía y equilibrio, dos cualidades constantes en tu escritura, felicidades Antonio.

Un abrazo.

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Yo, que también firmo con dos apellidos, no puedo sentirme más identificado con este poema. Gracias, Antonio.

Olga B. dijo...

Cuántas cosas se guardan en un nombre, cada uno encierra su propia historia y su parte de dolor, emoción y memoria de otros.
Precioso, Antonio Rivero Taravillo.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Siempre son bienvenidos vuestros comentarios. En esto de los dos apellidos la costumbre española está, desde siempre, a favor de la "paridad". Viajando por ahí, siempre tengo la sensación de ser una especie de Jekyll y Hyde: a veces soy Mr. Rivero, y a veces Mr. Taravillo (esto segundo es lo más frecuente). Saludos.

Juan Manuel Macías dijo...

Qué hermoso poema, Antonio. Gracias, sencillamente. Un abrazo y feliz Navidad (bis).

E. G-Máiquez dijo...

Un poema precioso. A mí me ha recordado a uno de Bablé en el que a los ojos de sus hijas las fotos de su familia política (de Bablé) entrar a formar parte de la suya. Todo, como en el tuyo, muy familiar y misterioso, a la vez. Como la Navidad. Feliz te la deseo.

Bernardo Rivero dijo...

Efectivamente, Antonio. Los dos apellidos son el mejor homenaje a nuestros padres, que tanto amamos y de los que tanto aprendimos (aunque la muerte nos robó prematuramente a nuestra madre).
Recuerdo que cuando estuve en la Universidad de Aberdeen nos recomendaron, para evitar confusiones, que utilizáramos nuestros dos apellidos unidos por un guión. Así, allí era yo Bernardo Rivero-Taravillo.
Un fuerte abrazo y mis mejores deseos para tí, para Teresa, y para todos los amigos de tu blog.
Bernardo Rivero Taravillo (con dos apellidos también).

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Juan Manuel, Enrique, Bernardo: gracias también por vuestra visita y vuestras palabras. No he leído nada de Bablé. Procuraré hacerlo.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Es bonito eso de que con tu simple firma estés agradeciendo la vida a los dos que con libertad, amor y placer te la dieron. Un abrazo y feliz navidad, Antonio