
Hoy, por cambiar de aires, paso por Roma y dejo aquí mi versión de uno de los más célebres poemas de Catulo:
Ay, pájaro, delicia de mi amada,
con quien juega ella, y posa en su regazo;
a aquel que da la punta de su dedo
y así suele incitar a hoscos mordiscos
cuando mi amor resplandeciente gusta
de darse a no sé qué gratos solaces
que puedan aliviarla de dolores
para calmar, sin duda, mi pasión,
¡pudiera yo también jugar contigo
y así apartar las penas de mi alma!
Comentarios
Aunque no son vuestros, son vuestros, porque cuando alguien se deja el talento trayendo al español poesía de otros, se asumen todos los riesgos que eso conlleva. Y es un riesgo acompañado de muchas renuncias.
Un abrazo.
El fruto de esos viajes aquí los dejas y así da gusto.
Bromas a parte, buena idea ir pensando en un nuevo poemario propio.
Un abrazo
Lo de traductor es algo más que un sanbenito; en tu caso es, siempre, un elogio.
Así que ahora me despierto con vuestras palabras, que agradezco. El poema que cita Jesús será uno de los que presentaré aquí próximamente.
Abrazos para todos.