lunes, 28 de septiembre de 2009

VIRGEN DE GUADALUPE



 

Aquellos dos chalés representaron,

–ni aplausos ni abucheos, media entrada–

la ópera bufa de la educación para ir muriendo,

en mi primer colegio.

 

Los otros niños eran islas más lejanas

que la Australia del mapamundi o que el Hawai

premiado en el concurso de los viernes.

El babi de listas azules,

capa de guerreros medievales;

el patio, un torneo en el que no había princesas.

 

En cartoné, a plumilla, con trincheras

y cortes de pelo de los años cincuenta,

El pequeño explorador de la lengua inglesa

fue el primer capítulo inseguro

de estos versos de Shakespeare que hago míos.

 

Os evoco, remotas señoritas

de nombres que ahora enseñan el olvido:

el débil, el huraño, el embustero,

compartirá con vosotras las bancas

cuando la muerte a su aula nos llame

con ese timbre que quizá ya alguna

haya escuchado.

 

Pero en realidad no sé

(nunca supe nada, ¿recordáis?)

si aquello será clase o el recreo.

9 comentarios:

José Luis Garrido dijo...

Buen poema, Antonio, con el tono adecuado para reflejar y hacernos participar en aquel tiempo. No es otra la gran raíz de lo poético, un refugio en lo indecible frente al tiempo.

Un abrazo

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Gracias, José Luis. Por cierto, ¡qué gran cambio en el nombre del blog y en el de su autor! Me alegra verte la cara. Un abrazo.

Olga B. dijo...

Nada nos coloca tan cabalmente ante un espejo como recordar los niños que éramos, y los otros niños tan lejanos, y recordar vagamente nombres y pensar que tal vez alguno de ellos ya no esté. Cuando a nuestra generación le faltan piezas, el tiempo parece venir a por nosotros.
Me encanta el tono gentil, suavemente caballeroso, para aceptar esa posibilidad.
"Os evoco, remotas señoritas
de nombres que ahora enseñan el olvido:
el débil, el huraño, el embustero,
compartirá con vosotras las bancas
cuando la muerte a su aula nos llame
con ese timbre que quizá ya alguna
haya escuchado".

Muy bueno.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Tú siempre tan generosa, Olga. No olvido la cuenta que tengo pendiente contigo, pero ahora estoy acabando con Shakespeare ¡(vaya asesinato!) y no podrá ser hasta la semana que viene. Besos.

sergio astorga dijo...

Caballero sois aunque no quieras y en esa finura del encuentro o desengaño no se sabe si era tiempo de aprender o solazarse.

Me intriga Antonio, el titulo: “Virgen de Guadalupe” hay misticismo en el poema, lo veo, mas no atino.

Abrazos leves.
Sergio Astorga

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Era el nombre del pequeño Colegio, que ya no existe. Se lo llevó la especulación inmobiliaria, Sergio.

Supongo que el título me habrá traído insospechados lectores mexicanos, ¿no?

Braenwyn dijo...

Tú qué crees?

Un abrazo,

Braenwyn / Gaela

Anónimo dijo...

Fuí alumno de la señorita Puri, y de Ana Mari, y todos mis hermanos. Realmente, un recuerdo muy, muy agradable. Y de aquel ingles de la Srta. Olga he vivido hasta hoy, y sin pegas. No solo enseñaban materias. También educación, valores, responsabilidad y saber estar. Y sin violencia. Solo con diálogo y coherencia.

Un saludo entrañable.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Un saludo emocionado, compañero de colegio. ¡Cuántos recuerdos! De la que más me acuerdo es de la señorita Puri. Yo sólo hice allí hasta segundo. Me dio mucha pena cuando unos años después derribaron aquellos chalés (no, como ves, su memoria).