jueves, 6 de enero de 2011

Con el tiempo


Un nuevo libro de Enrique García-Máiquez es siempre una fiesta, aunque el día de su lectura caiga en laborable, y a pesar de que, sin fe, uno no comulgue, ay, con el tiempo sagrado del ritual que pauta la vida del poeta. Que en el más reciente de los suyos, Con el tiempo, uno pueda hallar numerosos motivos de emoción (en arco que va de la sonrisa al escalofrío), y ello pese a no compartir del todo su mundo, dice mucho de la capacidad transformadora de su poesía, de su magia, de su encanto.
El humor es la expresión de la que muchos de estos poemas se sirven para comunicar lo serio. Es lo que sucede ya con el primero del libro, "In Memoriam", maravillosa muestra de que la elegía se puede ver transfigurada por un gesto amable, cariñoso, casi un guiño travieso. A veces, por el humor se sabe dónde está el fuego, como aquí se ve.
"Abisal" se abre con cuatro versos tan rotundos que luego al poema le cuesta mantenerse en esa transparente superficie y se vuelve más opaco. ¿Pero cómo continuar cuando se escribe esto?

Escoges el momento en el que quieres
mañana despertar girando un poco
la aguja de un reloj. Y sin embargo
la brújula del sueño, ¿quién la imanta?

"El hijo que no tengo" es un memorable ejercicio sobre lo no sido, felizmente corregido por un hecho posterior: el nacimiento de una niña cuando el libro estaba ya presto a publicarse. Cercenar de él un verso o dos sería muy injusto, y sólo por hacerse con los veinte que lo componen ya merecería la pena buscar el libro en un establecimiento del ramo o pedirlo por internet. Es, nunca más certera la expresión, un poema de antología.
Son muchos los poemas sorprendentes, felices, logrados; citar algunos es ahora para mí el placer de releerlos: "Anocheciendo", "Versión", "De cine" o los bellísimos haikus de "Las estaciones".
En "Otra autobiografía", con su homenaje a Luis Rosales (a quien García-Máiquez ha antologado) a través del título y los dos últimos versos, coincide con otro poema reciente de Enrique Baltanás recogido en Trece elegías. No son los únicos ecos provechosos: ya desde la cita de Adam Zagajewski que glosa el año en que nació García-Máiquez, hallamos una variación sobre Ernesto Cardenal, un "Agradecimiento a Miguel d'Ors" (que no está entre las mejores composiciones del libro), un comentario a Auden o el desarrollo de una parábola bíblica. Y hablando de religión: qué bien esquiva Enrique lo ñoño, lo programático, lo previsible. Léase a este respecto "Icono".
Con el tiempo es uno de los últimos libros de 2010. Quién lo diría: con su frescura y lozanía es -leedlo, si aún no lo habéis hecho- uno de los primeros del 2011 y aun de la década.