martes, 22 de noviembre de 2011

Adiós a Flaherty




Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos, escribía Pablo Neruda en el vigésimo de sus amorosos poemas. Sin llegar a su desesperación, mucho hemos cambiado, sí, desde que en el otoño de 1994 vimos descargar el mobiliario y la decoración, genuinamente de anticuario y no al por mayor como luego se impuso en otros sitios, del que sería el primer pub irlandés de Sevilla.
Lo que no ha cambiado en estos diecisiete años transcurridos es nuestro amor a Irlanda, y nada más enterarnos del destino que esperaba al local empezamos a peregrinar por allí a diario para ver si habían puesto ya la barra, para ver descargar unos espejos biselados con publicidad antigua, para asistir, casi arrodillados, a la colocación, al fondo del lugar, de una vidriera en la que administraba su bendición San Patricio. Gerry Enright, el dueño hoy sustituido en la gestión diaria por su hijo Darrell, siempre me recuerda cómo, antes aún de abrir el establecimiento, les dejé una tarjeta en que me congratulaba de la llegada del bar irlandés... ¡en gaélico!
Mis recuerdos de los últimos cuatro lustros son ya indisociables de Flaherty. De las muchas pintas bebidas y de algún whiskey (o de ambas cosas al alimón en días de invierno), de la charla con personas venidas de cualquier condado de la isla y procedentes de toda la diáspora irlandesa. De los contundentes desayunos, de los almuerzos en el interior o en la terraza, cuando no en el hermoso patio decorado con motivos añejos de la mercadotecnia de Guinness. De la tertulia y de la introspección. Del ejemplar del The Irish Times desplegado sobre la barra. De las celebraciones del Bloomsday, en sucesivos meses de junio.
Allí he escrito poemas y leído revistas, admirado camareras y conocido a directores de cine; allí he retomado el trato (quiero decir el trago) con un antiguo profesor mío, escocés, que me entrevistó para una beca de Edimburgo en la que ya mostré deseos de trabajar sobre W. B. Yeats, cuya Poesía reunida luego he traducido; allí hemos tarareado "Garryowen" con el más fordiano de los arquitectos. Allí he hilvanado versiones, disparate tras disparate, del reciente La gente corriente de Irlanda, de Flann O'Brien.
No todo son buenos recuerdos, como es lógico. Y aquí he de recordar el día en que alguien me asestó la especie de que la cerveza que se tiraba en el bar no provenía de la fábrica de Saint James Gate, en Dublín, sino de la factoría de Nigeria. Eso fue un golpe bajo y también, afortunadamente, ya digo, un engaño. Por otra parte, el hecho de que la música que allí sonaba fuera en los últimos años más propia de Harlem que del barrio de The Liberties, al sur del Liffey, aunque un disgusto ha sido sin duda providencial para que alguna vez volviera a casa y no me tuvieran que echar con la escoba, embobado, con cerveza negra y sin blanca, ante la voz feérica de Karan Casey o la inveterada animación de reels encadenados The Chieftains.
No te echaremos de menos, Flaherty, porque ya te llevamos con nosotros como las sílabas se enhebran en una canción, de la que son inseparables. Y hoy, en tu velatorio, la elegía brota a borbotones y en cada renglón se lleva algo de nuestra vida.


(La foto de esta pinta, verdaderamente canónica, está tomada en la barra que esta misma semana será desmantelada)


16 comentarios:

Jesus Esnaola dijo...

Sin conocer el pub me has hecho añorarlo, Antonio. Supongo que en cuanto a sentimientos sólo nos distingue el destinatario.

Abrazos

La clave cultural dijo...

Una autentica cabronada, propia de esta ciudad desagradecida e interesada.
Seguro que pondrán una tienda de souvenirs horteras o una cafetería yanki o un italiano en serie. O todo ello a la vez.
Una pérdida.

Olga Bernad dijo...

Te acompaño en el sentimiento. Allí nos conocimos personalmente y allí se quedará ese recuerdo (aunque envuelto, a partir de la semana que viene, en vete a saber qué).

Alberto dijo...

Ahí empecé con la que hoy sigue siendo Ella.

LaminaDEhierro dijo...

Ya empezaron a decaer quitando la happy hour y poniendo música la cual no te hacía sentir la verdadera voz y acento de gargantas irlandesas o simplemente de ese Rock Indie tan animado y a la vez característico para muchas situaciones en aquel antro tan querido el cual me ha brindado tardes lluviosas aromatizadas en cebada ya sea rubia o negra lo mismo daba aun mas si una buena mujer te la destilaba espumosa en la barra...
SEE YOU FLAHERTY'S ;)

Anónimo dijo...

Y ahora donde voy a ir yo? M.Fdez.

Francis Black dijo...

Estoy leyendo el libro "La gente corriente de Irlanda" y es muy bueno, gracias. Anteriormente había leído cuatro de las cinco novelas publicadas en Nórdica ,me falta :En Nadar-dos-pájaros.

En Barcelona hay un bar llamado Flann O'Brien al que voy en ocasiones.
Saludos

Anónimo dijo...

No he podido evitar las lágrimas al leer tu artículo Antonio. Algunas pintas te puse yo en ese hermosos bar. Un saludo. Eloy
( antiguo camarero - encargado de Flaherty )

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Esa añoranza de lo no vivido es una de las señales de la poesía, Jesus. Me alegro haber suscitado esos sentimientos, aunque sea por circunstancia tan de lamentar como ésta. Espera, que suelto la pinta para esos abrazos.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Seguro que ponen algo de lo que dices, La clave cultural. De momento, y agárrate, en la Avda., cerca de la Puerta Jerez, va un Burger King. Ay, esta ciudad.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Sí, allí tuvimos nuestra primera conversación cara a cara, Olga. Con intercambio de libros e ilusiones fue. Recuerdo perfectamente en qué mesa. Muchos besos.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Todos guardamos nuestros recuerdos más o menos confesables, Alberto. Que sea por muchos años. Sláinte!

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Lo de la música fue una verdadera lástima, y lo de las pantallas con deportes (si al menos fueran partidos de hurling). Pero quien tuvo retuvo, y aun en sus ruinas sobrevive un aroma de otros tiempos felices.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Pues anda que yo, M. Fdez. Siempre quedaba allí. Y allí volverá siempre mi espectro.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Muchas gracias a ti, Francis. Conozco el Flann O'Brien de Barcelona. Sólo estuve una vez, pero guardo muy buen recuerdo. Saludos.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Hombre, Eloy, te recuerdo perfectamente. Qué pena, ¿verdad? Oye, vosotros guardáis el secreto profesional, ¿no? El número de pintas no debe aparecer aquí. Un abrazo.