lunes, 10 de diciembre de 2012

Otra clepsidra




1

Agarro el puño del paraguas
igual que el picaporte de las nubes.
Aprieto con fuerza,
        y se abren
muy pesadamente,
                  de plomo.

Como un gato la manta con sus zarpas,
el chubasco mulle la tierra,
y ronronea
igual que si otra mano acariciase,
lana o pelo suavísimo,
su lomo.

No se ve un solo charco en la avenida
porque toda ella es un solo charco.
Juntas también,
nuestras gabardinas componen
su sinfonía de frufrú al rozarse,
un sisear que es reclamar silencio.

En el tambor de las abiertas telas,
para los cuatro oídos
la actuación de la lluvia,
su conjunto de viento y percusión
arrebatado.

2

Medias naranjas,
una de noche, otra de arco iris,
inclinadas licuan el mármol
bajo los soportales.

Después, arriba, al desnudarnos,
empapadas las pieles, regresamos,
criaturas acuáticas,
a nuestros primeros peces,

y más allá,
somos dos amebas amándose
porque sí y por amor
antes de separarse en otras nuevas
–tal vez esos paraguas en el suelo,
uno un arco iris, otro noche–

con la violencia
salvaje de saber que nos aguarda
toda la evolución ante nosotros,
todo el largo camino
hasta los labios.

No hay comentarios: