lunes, 21 de abril de 2014

Algo más sobre Leopoldo María Panero




Es cierto que a la poesía de Leopoldo María Panero, especialmente la de sus últimos años, la atraviesa un tremendismo, una incoherencia, repetidos hasta la saciedad. Y también la suciedad escatológica. Pero toda su obra está salpicada de destellos. Y alguna vez, también, de humor, que no es característica que abunde entre los locos. 
     De 1981 son las Tres historias de la vida real, tres microrrelatos de antes de que estos se pusieran de moda en los que Panero despliega un juego brillante sobre la identidad y que pueden arrancar una carcajada. Su contenido desborda la promesa ya divertida de sus títulos: "La llegada del impostor fingiéndose Leopoldo María Panero", "El hombre que se creía Leopoldo María Panero" y el de advocación tan fordiana como "El hombre que mató a Leopoldo María Panero (The Man Who Shot Leopoldo María Panero".
     En el primero de ellos, alguien llama a la puerta del poeta y dice llamarse como él. "Sin embargo, su falta de entereza al representar el papel, sus abundantes silencios, sus equivocaciones al recordar frases célebres, su embarazo cuando le obligué a recitar a Pound, y finalmente lo poco de sus gracias, me convencieron de que se trataba de un impostor." 
     En el segundo, el hijo menor de una familia se levanta de la cama y va en bata al dormitorio del padre para decirle que es Leopoldo María Panero. "Mientras se demoraba en acentuar su disgusto por la película de Chávarri El Desencanto, no hubo más remedio que llamar a un psiquiatra. Ya en el manicomio, persistía en su delirio, imaginaba escenas de la infancia, calles de Astorga, campanadas, porrazos de mi padre."
     Pero es el tercero el que más me gusta, con su desdoblamiento y alusión cinematográfica. Aquí, el poeta -en otras ocasiones transmutado en llanero solitario o indio crow- aparece como un sosias de John Wayne. Así comienza esta página lúdica, en la que no cae la sombra de tantos otros poemas: "Mi querido amigo Javier Barquín siempre creerá que fue él quien mató a Leopoldo María Panero. Pero eso no es cierto. Nadie tenía entonces valor para hacerlo. El sujeto tenía aterrorizada a toda la ciudad. Había raptado a varias mujeres y amenazaba con torturarlas". Y continúa este peculiar western con un cierre que es al mismo tiempo clásico -en el homenaje a Ford- y sorprendente.
     He citado solo fragmentos. Nadie debería vetarse el disfrute de la docena de líneas que compone cada uno de estos poemas en prosa o cuentos líricos. Delíricos.
     

1 comentario:

Ballerina dijo...

No he leído nada en prosa (aunque por lo que comentas es muy lírica) de Panero y estos relatos tienen muy buena pinta. Me los apunto. Muchas gracias.

Saludos.