miércoles, 23 de abril de 2014

PELEAS DE 1975




 Antes de ser este que escribe,
yo fui aquel chico
como antes de ser Muhammad Ali
este era Cassius Clay contra Joe Frazer.

Peleábamos en un cuadrado de tierra
de nuestro parque triste
como otros en el ring
bajo los focos.

Sin guantes,
pequeñas cordilleras arrasadas,
los nudillos eran un campo visto desde el cielo,
parcelas cuarteadas de un secano,
rojas lindes lo mismo que una red,
un colador del que se hubiera 
escurrido la carne
dejando el vino tinto de la pena.

Emborrachándonos,
la sangre bombeaba adrenalina
bajo la piel;
para no perderse el combate,
asomaba desde el palco de la ceja
al dintel y al alféizar
de esa ventana: nuestra boca,
las butacas partidas de los labios.

Con frialdad y sin énfasis
nos golpeábamos.
Queríamos ser hombres, cuando ahora
solamente anhelamos
que termine el último asalto;

sonando la campana absolutoria,
reposar en la lona, y para siempre.

(Este poema acaba de vez la luz en el número 42 de Sibila. Estaba destinado a ser como otros que junto a él salen un adelanto de La lluvia, pero por insólito que sea apareció antes el libro que la revista).



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