sábado, 2 de junio de 2018

Fulgor de los espejos




Llegó a librerías hace pocas horas. Y ya de nuevo puede decirse que Felipe Benítez Reyes lo ha vuelto a hacer: ha entregado uno de esos libros redondos a los que acostumbra a sus lectores. En Ya la sombra, estos hallarán las simetrías, los espejos, las paradojas que son una constante de la obra del autor roteño, y que tienen algo de Borges y de Pessoa pasado por Manuel Machado (de hecho, el libro se abre con un poema en alejandrinos asonantados que es muy del poeta sevillano, hermano mayor de Antonio) y que encierra el espíritu del volumen: "En todo pensamiento se esconde una tiniebla, / como en toda emoción una sombra de duda."
     Puestos a destacar, me quedo con composiciones como "Playa de enero", con "ese mecanismo misterioso, de cálculo y azar / que rige el universo y esta página." También con la siguiente, variación de aquella, donde sale a relucir, y a deslumbrar, una enumeración caótica muy del autor de El oro de los tigres (hay otra en "El bazar subacuático"). Los homenajes son numerosos y polimorfos, no siempre explícitos. Imposible no recordar al enorme Luis Rosales de "Autobiografía" cuando se leen esos versos de "Estampa con lluvia": "difícil de vender bajo la lluvia, / como por ejemplo / miniaturas de caballos de cartón."
     Todo en FBR tiene matices, sombras, claroscuros, expresiones de lo dubitativo. De este modo, un verso tan metafísico y hamletiano como el que sigue queda en entredicho por esa palabra que lo sigue y con la que se cierra el poema: "a este ser del no ser de ser nosotros, / aproximadamente." Duda, zozobra que sin embargo se hace precisión, rigor y exactitud a la hora de dar con imágenes certeras, como esta de una invocación a la lluvia: "Danos tu melodía elemental, tus cascabeles líquidos."
     Juega también, con pericia acreditada, FBR con las formas. Muy logrado y llamativo es el soneto isabelino "tuneado" que atiende al título de "Cíclica", donde hay, sí, tres serventesios y un dístico final, pero también algunos versos intrusos, codas o estribillos. Y hablando de coda, que espléndido el último verso de este Ya la sombra, casi un epitafio: "Ya no es tuyo ni el tiempo que robaste." Sí, Felipe Benítez Reyes lo ha vuelto a hacer.

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