jueves, 29 de enero de 2009

Edimburgo




(Unas viejas páginas de mi libro Las ciudades del hombre (Llibros del Pexe, 1999). En esta aparición van dedicadas a la poeta Olga Bernad, que conoce bien la ciudad.)



El avión de la British Caledonian se acerca al aeropuerto como el ave que merodea a su presa en busca de la mejor coyuntura, para clavar su hambre en la cerviz. Pero es Edimburgo quien al aterrizar se hunde como un aguijón de hermosura en la conciencia de quien venía en el pasaje del gran pájaro. El agua del Atlántico Norte y de la ría del Forth, durante la evolución del aeroplano, van adueñándose y apartándose, sucesivamente, de las ventanillas de un cristal que impide la comunión absoluta que el viajero desea con esta tierra que ya casi toca.
Hay en inglés dos palabras para los vuelos nacionales -domestic flights les llaman- que bien describen por lo de doméstico este aeropuerto, una gran sala de estar a cuya puerta, como del domicilio de uno, lleva el autobús al corazón de la ciudad. Y uno se siente en casa cuando se apea junto a la estación de Waverley, de scottianos ecos, en este tajo formidable que parte la ciudad, como a una fruta en sazón, para los ojos ávidos.
El farallón del castillo reina -no preside: engendrado, no creado- sobre las calles y plazas, escoltado a mediana distancia por la colina de Calton, con sus monumentos grecorromanos del XVIII, y el áspero cerro conocido como el Asiento de Arturo, el rey de la Tabla Redonda que dice la leyenda se batió no lejos de esta villa. Por la aorta de Princes Street circula la sangre de la ciudad nueva hasta la ciudad vieja, y en dirección opuesta retorna la sabia vida de Edimburgo. Incluso la llamada New Town tiene ya la solera de sus doscientos años. Aquí el granito escocés, que alcanza su paroxismo en Aberdeen, levanta casas armoniosas en armónicas calles. De otras similares, de la inglesa Bath, escribe Andrés Trapiello -al que ya hay que citar como a Baroja o a Pla-: “Cuando el clasicismo son grandes palacios o edificios públicos, suele resultar inhabitable. Cuando vemos en una ventana neoclásica, como aquí, un gato de opulentas curvas y a su dueña, una de esas viejas transparentes e inofensivas como el té, no podemos pensar en otra cosa que en la vida.”
Edimburgo es una ciudad más culta que celta, más clásica que medieval y más neoclásica que barroca. Pero es sobre todo, y en cada una de estas facetas, una ciudad romántica siempre. ¿Quién que es no toma partido por la infortunada María Estuardo o ese mito perdurable del caudillo alzado y vencido, el Bonnie Prince Charlie de las baladas? Esas baladas que a un hombretón de cien kilos lo pueden llevar hasta las lágrimas cuando entre los camaradas suyos una noche canturrea en el musical dialecto "It was a’ for our rightfu’ King" en versos que confiesan la derrota: “Now a’ is done that men can do, / And a’ is done in vain”.
Edimburgo, Dùn Eideann, “El fortín de Edwin” (un rey de Northumbria amigo de Borges) es capital literaria de Escocia, madre del Dr. Johnson y David Hume, y también de Burns, Stevenson y Walter Scott, esas lomas amenas de las letras inglesas, si no cumbres, a las que ya casi nadie sube a aspirar su aire y su ventura. Un primo céltico suyo, nuestro Álvaro Cunqueiro, ha dedicado páginas emocionadas a alguno de ellos. “Que agora non se lea a Sir Walter Scott, a min entristéceme un pouco.” Pero todavía hay otros escritores aún menos leídos y de talla pareja: clandestinamente junto aquí las letras del nombre de Hugh MacDiarmid, el coloso desconocido de la poesía escocesa de nuestro siglo, nacionalista y bolchevique y autor de este verso descorazonador: “Nunca se permite la autenticidad”. Dejemos que Edimburgo sea ella misma y no la alabemos demasiado: como un lugar predilecto y difícilmente secreto que no quisiéramos ver que se divulga.

24 comentarios:

Mery dijo...

Un delicado párrafo de aproximación a la ciudad. Como es una visita que tengo pendiente, tendré en cuenta esta entrada tuya para cuando vaya, por fin, a disfrutarla.
Un abrazo

Juan Manuel Macías dijo...

El premio de los que somos poco viajados y tenemos miedo a volar está, sin duda, en prosas como ésta. Qué lujo de viaje. También me entristece a mí, como a don Álvaro, que se lea tan poco a Sir Walter Scott hoy en día. Incluso son malos tiempos para Stevenson. Hago abstracción de las vanas burbujitas del frenadol, y brindo con un single malt virtual por el autor del texto y nuestra amiga Olga, a quien va dedicado. Un abrazo.

Olga B. dijo...

Ay, Antonio, pero qué contenta me he dado este paseo por Edimburgo. Mi primera llegada al aeropuerto estuvo envuelta en una niebla tan densa que podía cortarse, y aparecí de repente en un lugar de cuento. Siempre me espera mi hermana y por eso Edimburgo, además de ser ella misma, es la ciudad de mi felicidad y mi nostalgia. La ciudad es magnífica y coherente en su estética, sólida de piedra y con tendencia a alzarse y a llevar nuestra vista hacia el viejo castillo desde Princess Street. Los escoceses la quieren, e incluso sus normas prohíben la edificación de bloques de pisos que la hubieran convertido en lo que no es. En una de mis visitas acababa de arrasarse por un incendio un buen trozo de la parte más vieja, y la tristeza de los habitantes era conmovedora.
Me ha sorprendido que la comparases con Bath a través de las palabras de Andrés Trapiello. Allí pase uno de los veranos más maravillosos de mi vida, en el lejano 1991. Y también que nombrases a Burns. Es una experiencia que tengo en mi corazón, ese 25 de cada enero, cuando se conmemora su muerte comiendo haggis con neets y tatties, leyendo poemas y bebiendo más whisky del recomendable. Si vuelvo a estar allí un 25 de enero, mi poema elegido será tuyo para que estés allí. Igual hasta te traduzco sobre la marcha…:-)
De momento me voy a agenciar el libro, que me has dejado impresionada.
Mil gracias, Antonio, por dedicarme esta entrada y por llamarme poeta. Todo este rollo para disimular mi emoción, ya lo sabes:-)

Máster en Nubes dijo...

Precioso, pero no encuentro este libro tuyo en ninguna parte, Antonio, no está en la Casa del Libro de Madrid y tampoco en los Crisol que yo frecuento.

En cualquier caso, por si alguien no conoce esta posibilidad.

Hice un tour literario por Edinburgo hace unos años. Era a través de los pubs y te contaban 2 actores -uno en plan escritor metódico y ordenado y el otro bohemio y canalla, geniales ambos- la historia de la ciudad con 3 escritores: Burns, Stevenson y Sir Walter Scott.

Fue divertidísimo porque no bebí en los 7 pubs que recorríamos. Si no, hubiera acabado por los suelos. Estos escoceses son peculiares.

Saludos

Rafael G. Organvídez dijo...

Antonio, ¡qué buenos recuerdos de ese libro!
Ya te dije una vez que lo tuve en mis manos al poco de salir a la luz, ahora va a hacer diez años. Más tarde me obsequiaste con un ejemplar que leí con gran melancolía.

Manuel G. dijo...

Escocia es otra de esas pequeñas potencias culturales, como Irlanda, o nuestra misma Andalucía, que a pesar de su pequeño tamaño, sin ser estados gigantes como Francia, Alemania, Rusia, Inglaterra etc... han dado a la historia de la literatura un número cuantioso de escritores fundamentales para la literatura mundial. Equiparándose o incluso superando a esos grandes estados.

Todo esto no deja de ser increible.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Pues este año, Mery, la coyuntura económica, con el cambio favorable al euro frente a la libra, invita a ir a aquellos lares. Y si no, en cualquier momento, que unos cuantos peniques más o menos no han de ser impedimento para disfrutar de la ciudad.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Que el single malt sea pronto genuino, Juan Manuel, señal de que te has recuperado. Hace unos días me decías que estabas escuchando al bueno de Dougie Maclean. Me vienen a la memoria ahora sus hermosas "Caledonia" o "Rowan Tree", tan escocesas. Alzo mi vaso, sin hielo por supuesto, a tu salud.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Tautología es, Olga, llamarte poeta, porque lo eres. Y redundancia, pero muy grata, volver a piropear, de nuevo animado por tu comentario, esta ciudad hermosa que tan bien describes en tus líneas. Hace varios años que no vuelvo por allí. Preséntale mis respetos cuando regreses.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

"Máster en nubes": supongo que serían vasos de chupito, para degustar. De otra manera, sí, me temo que un coche escoba tendría que ir recogiendo a los participantes en el tour. Ah, esto de los tours literarios. ¿Por qué apenas los hay en España?
Respecto a mi libro, la Casa del Libro de Gran Vía lo tuvo, y aparece en la página de internet. Yo creo que si pasas por allí y lo encargas te lo pueden pedir. En Antonio Machado del Círculo de Bellas Artes supongo que también te podrían hacer el encargo. Gracias por tu interés.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Rafael: qué recuerdos. ¿Pero hace ya diez años? ¡Qué barbaridad!

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Muy cierto, Manuel G.: las potencias literarias muchas veces tienen poco que ver con las otras, las prepotencias políticas o económicas. La tradición literaria de Escocia es muy, muy rica. Entre los contemporáneos, un tipo muy interesante es Alasdair Gray. Y una bella novela no traducida en España es The Silver Darlings, de Neill Gunn, sobre los pescadores de arenques y el desarraigo en una aldea de las Highlands.

Olga B. dijo...

Anda, con lo bien que había quedado todo: lo que se conmemora cada 25 de enero es el nacimiento de Burns, no su muerte (mucho mejor). Sorry. Pero la idea básica era exacta: comer, beber y leer poesía con amigos. Es una buena forma de acabar siendo una potencia literaria y, si no, de disfrutar al menos de la vida:-)

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Yo en este caso (y en tantos otros), coincido con Mery: tu entrada ha resucitado mis ganas de viajar, para comprobar in situ todo lo que aquí tan hermosamente cuentas.

Antonio Azuaga dijo...

No conocía Edimburgo y ahora me pasa lo que a las almas platónicas: que tengo su impronta gracias a la tentación de tu palabra. El resto será cuestión de poner la hospedería del cuerpo en contacto con las sombras terrenas. Porque ahora la “idea”, platónicamente hablando, la tengo ya, y abarca mucho más de lo que yo pueda ver. Tú, que aquí has sido su demiurgo, me entiendes de sobra.

Por cierto, qué bien queda Olga en el marco de esta “idea” (aunque queda bien en todas).

Gracias desde la caverna y un saludo.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Mejor el nacimiento, Olga. Mecachis, lástima que no hubiera publicado aquí esto hace unos días, para celebrar la efemérides.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Juan Antonio, esas ganas de viajar son el mejor efecto que puede tener un texto como éste. Cómo me alegro. Enhorabuena por el artículo en Diario de Sevilla. No puedo estar más de acuerdo.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Antonio Azuaga: encantado de haber hecho de demiurgo. Gran cumplido. Por cierto, que el Edimburgo de hoy tal vez no responda en todo a la "idea". Pero se parece mucho...

sergio astorga dijo...

Antonio, hoy, bajo la cantante sonoridad de tu pluma he estado en Edimburgo, hoy comprendí mejor al Anticuario de Sir Walter Scott, lectura de infancia.
Gracias.
Un abrazo neoclásico.
Sergio Astorga

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Un abrazo, Sergio. Me alegra tenerte por aquí (o por allí: Edimburgo). En este momento está lloviendo en Sevilla, lo que me acerca más a la capital de Escocia.

Manuel G. dijo...

Alasdair Gray es una asignatura pendiente. No he podido tener acceso a sus libros.

"La fabrica de avispas", de Ian Banks me pareció muy bueno. Otro escocés.

Es como si en esas latitudes, Escocia e Irlanda, tuvieran una natural tendencia a verse siempre dentro de una buena historia, lo mismo como se está dentro de una sala cálida y acogedora, hablando del paraíso o del infierno.

Aunque hoy día todo haya cambiado, en esa forma de contar historias les quedó la marca de la actitud antigua, de los tiempos en que en esas salas cálidas se reunían a contar historias brillantes o terribles.

gbp dijo...

Un texto precioso sobre Edinburgo y una alegría que este dedicado a mi querida hemana y poeta Olga Bernad.

Un saludo from the Meadows in Edinburhg.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Ah, The Meadows, qué buen sitio. Aunque ahora hará algo de fresquito... Por cierto, creo que ya no existe la British Caledonian, ¿no?

gbp dijo...

Pues si, un poco de fresquito hace por aquí y sobre todo hoy que no ha dejado de nevar. En cuanto a la British Caledonian creo que desaparecio hace unos cuantos años, la verdad es que yo nunca he volado a Edinburgo con BCAL.

Un saludo