lunes, 31 de enero de 2011

La República muerta



No me refiero a la Segunda nuestra, de 1931-1936, con la que acabaron los unos y los otros, con el concurso de los de más allá. Hablo aquí de The Dead Republic, la más reciente novela de Roddy Doyle, aún no traducida al español. La leí este verano, con especial fruición en su primera parte, que recrea con libertad e iconoclastia el rodaje de la película El hombre tranquilo. El protagonista, Henry Smart, un pillo que había estado en la Oficina Central de Correos durante el Levantamiento de Pascua, regresa de los Estados Unidos con John Ford como asesor suyo en asuntos del IRA.
Aparece el pueblecito de Cong, en su franja de tierra entre el Lough Corrib y el Lough Mask, transformado en set de rodaje; el vecino castillo de Ashford, Duke (John Wayne), la guapísima Maureen O'Hara, se dice cada dos por tres Grand!... Es decir, que te sientes en casa en ese lugar que, como el protagonista dice, iba a ser el Monument Valley irlandés de Ford.
Como en otra página afirma, "Dublín y los barrios bajos no existían; Irlanda era una aldea llamada Innisfree". No es una imagen realista, concedido. ¿Pero qué importa?
El otro día volvieron a pasar por televisión El hombre tranquilo. La novela de Doyle no sé si se publicará en español. Pero me apetecía traerla aquí esta noche, con la película, cuando, uno de febrero, es la vieja festividad irlandesa de Imbolc.


domingo, 30 de enero de 2011

Un "Viaje a Estambul", de Francisco Barrionuevo




Semana tras semana, Francisco Barrionuevo da muestras de gran sensibilidad e inteligencia, ligadas a un gran dominio expresivo, en el taller de poesía. Hace poco regresó de Turquía con este poema, una hermosa suite a la que acompañan sus fotografías.


VIAJE A ESTAMBUL




Yerebatan Sarnici.


Esos rostros tendidos sobre el agua

esperan bajo las columnas

recostados sobre sus propias manos,

en un profundo sueño. Indican

el lugar al que vamos, atraídos

por su mirada mineral y fría.



Santa Irene.


Mis piernas van por el dolor.

No importa

de qué lugar a otro se dirijan.

Oyen el canto que llama a la oración

del mediodía

y dicen su plegaria en el andar.



Mar de Mármara.


Palabra que a su vez es sílaba

de otra, repetida.

Como un guijarro bota sobre el agua,

una, dos, tres veces,

hasta formar su nombre.


Se extiende hacia su ala

como desde la oruga, la crisálida.



El Bósforo


Constelación de gaviotas que a lo lejos

se muestran excitadas por el paso

de los barcos de pesca que regresan

a Sariyer.

Enloquecen tras ellos,

Y se muestran fugaces a los ojos

del viajero que pasa.



Anadolu Kavagi


Amplio espejo del mar, a ti renuncio.

Ya no quiero llegar a lo más alto:

podría encontrar un ángel o un avión.

Suban, pues, las palabras o los pájaros

por mí.

Que recorra el poema,

en cualquier caso, el resto del camino.


Durante muchos siglos fue la piedra

disuasión eficaz a la amenaza.

Hoy es sólo un señuelo, no la meta

a la que dirigirnos: Anadolu Kavagi.



Kücükaya Sofía


Lo que encontraron servía a sus propósitos

si eran modificados ciertos ejes

y ciertas geometrías que impedían

acomodar el dogma a lo adecuado.


Quedó de manifiesto de esa forma

la decidida vocación de enseñar

la palabra de Dios correctamente

entre sus muros.



Los visitantes


Creen que pueden entrar y alborotar

en aquello que apenas si conocen

encerrando un misterio no entendido.

Pasan dejando lo que opinan

y nada más.

No aprecian del lugar

lo efímero

ni su metamorfosis en lo eterno,

llevándose de ello una partícula.



Hüseyin Aga Medresesi


La foto da certeza de que hubo

un instante en el que con su mano

dio constancia de mí en este lugar

-Voces en una lengua extraña-.

Poco después nos fuimos

cada uno por su lado,

pero yo la llevaba -a falta de ella-,

en la última mirada, la que siempre

se deja en el lugar.



Eminönü Meydani


Gritan las gaviotas por el frío.

¿Es por eso que lo hacen?

Ponemos en sus bocas

palabras que son nuestras, mientras ellas

flotan en el viento y se dejan llevar

a la deriva. No parece

que tengan más propósito que ese.



Aya Sofía


El espacio transforma los sonidos

que hacen los operarios desmontando

el pesado andamiaje.

Durante diecisiete años

permaneció enredada en estructuras

necesarias para paliar sus daños.

Ocultaron, como un niqab, su rostro.




Cementerio de Eyüp


El gato pasa entre las piedras.

Se desliza seguro y confiado

sobre las balaustradas.

Con pereza

va entre turbantes y flores

que dejan en la piedra sus historias,

sus rangos y el recuento de sus hijos.

Indiferente a todo lo demás

se interesa tan sólo por la luz

sin importarle en absoluto

pasear entre los muertos.




Kadin Basi, siglo II d.C.


Traslada hasta nosotros

su belleza inicial y los estragos

de horribles cicatrices en su rostro

que fue dejando el tiempo.

Obliga a separar

horror y complacencia en la mirada.




Gran Bazar


Cree que un pendiente

es algo que se cuelga de una oreja

y nada más.

No entiende que es el fuego que se roba

a los dioses del sitio, de un lugar

al que nunca se vuelve.

Mi esposa ya no desea regalos.

Mi amante en cambio

los espera con glotonería.

Ellas son como el sol que se pone

y el sol que se levanta tras la noche.

Y yo la luna errante que los une.


En completo silencio

toca con la cuchara sus labios

mientras presta atención, sin apartar

los ojos del que habla.

No es posible saber que piensa ahora

ni como acabará la noche.

Quizás ya no recuerde otro tiempo

más que éste.

Vagamente

otra ciudad y otras plegarias

intentan desvelarse en la memoria.

El tiempo nos transforma poco a poco,

como el viento un paisaje, un territorio.

Ningún segundo pudo más que otro,

pero de todos juntos somos

lo que somos ahora, dentro y fuera

de la memoria de otros.



Arcadia impropia


Esta noche éramos nosotros los extraños.

Los que habíamos entrado en una propiedad ajena

sin que mediara título o invitación alguna.

El viento había rolado a noroeste.

Convivíamos con ellos

sin notar de su parte hostilidad alguna.

Incluso sus perros nos aceptaban

sin ladrar ni gruñir a nuestro paso.


El viento del noroeste trajo el frío y la lluvia.

Reproducía en su interior lo embarazoso

de estar en un lugar de otros

aunque no vimos hostilidad en ellos.



Resumen


He visto aquí el dolor

y he visto aquí el amor.

En eso esta ciudad es como todas.


En todo lo demás

es verdaderamente única.


sábado, 29 de enero de 2011

Mil entradas y una salida




Llega este cuaderno de bitácora digital a esa cifra redonda que no abarcan los dedos, la de 1.000 entradas, y se viste de fiesta, de celebración por haber llegado hasta aquí y haber encontrado a tantos de vosotros en el camino. Sólo me queda una salida: seguir escribiendo y añadiendo entradas al millar y superar pronto el número de las noches de Scherezade.
En la sentina se guardan materiales muy diversos, algunos de los cuales quedan recogidos en el volumen Afán de permanencia, pronto a ver la luz en la colección Álogos de ediciones de La Isla de Siltolá, sé que muy bien acompañado de otros títulos.
Hoy me eximo de inventar algo nuevo; dejo en su lugar un catálogo de entradas anteriores, alguna de las cuales confío en que despierte la curiosidad, si no el interés.
Así, se habló aquí de Alfonso Reyes y Luis Cernuda; se dio "Entre glaciares", un poema escrito en la Argentina ilustrado por una fotografía tomada cerca del Perito Moreno; se recogió un artículo sobre "Lo céltico en Cirlot"; se reprodujo la maltrecha tumba de Emilio Prados; se tradujo a Edmund Spenser... Y 995 cosas más.

Gracias por la compañía.

viernes, 28 de enero de 2011

En Praga




Hace ahora un mes estábamos en Praga, entre la nieve. Ayer en Madrid, con frío, pero tan manso como un perro canela ante el otro aquel, blanco y fiero, que parecía que se nos llevaba los dedos en los dientes apenas los desenguantábamos. Había que ver (porque sentir, no los sentía) mis diez desmañados muñones buscando helados en la cartera el billete para pagar, en la taquilla que daba a la calle, el espectáculo de total contraste -en color y calefacción- del teatro negro. Como si prosiguiera la vida tras la muerte, las tumbas de los difuntos hebreos encanecían bajo una milenaria melena sin kippa.


miércoles, 26 de enero de 2011

Auden y las puyas



Las repartió con prodigalidad, las puyas. De Tennyson dijo que era "sin duda el más estúpido de los poetas ingleses". Y de Yeats, que era "tonto como todos nosotros". Bueno, también dijo: "Y siempre ese débil idiota débilmente yo".


lunes, 24 de enero de 2011

Renovación de agobios, pero menos


No escarmienta uno. Resulta que en algún momento de esta pasada Navidad, y para quitar de en medio los muchos boletines de suscripción de revistas que recibe, no se le ocurrió cosa mejor que renovar sus extintas suscripciones a la London Review of Books y al Times Literary Supplement. Gravísimo error, en principio. ¿Es que no recordaba ya la tensión, la zozobra, que respectivamente cada quincena y cada semana le ocasionaban las susodichas revistas, cuya lectura rara vez podía despachar antes de que llegara el siguiente número?
Quizá se haya extraviado la papeleta del TLS, porque aún no ha abordado esta publicación su buzón y su tensión arterial se mantiene razonablemente estable, pero la otra revista ya ha comenzado a hacer de las suyas: inaugurando el nuevo período de suscripción (eso sí, a un precio de risa), empieza a bombardearlo con artículos que ni le van ni le vienen (eso que gana, al no sentir la imperiosa necesidad de leerlos). De los artículos o reseñas que se anuncian en la portada, hay las clásicas parrafadas izquierdistas (un grado menos insoportable que las de la New York Review of Books), un artículo sobre el Congo que en sus miles de palabras no menciona ni por casualidad a Roger Casement o a Vargas Llosa, una recensión de las memorias inanes de doña Condoleezza Rice, y una consuetudinaria nadería del paquistaní Tariq Ali. Afortunadamente, de literatura, lo que se dice literatura, sólo una pieza, una quinta parte de los titulares. Y, para compensar, ay, muy de mi interés, sobre Sir Alfred Tennyson (con varias apariciones estelares de Auden).
Mi médico de cabecera (de familia, lo llaman ahora, que apenas existe ésta) les debe de haber escrito a los chicos de la LRB para que rebajen el nivel de presión que su periódico ejerce sobre mí.
Todo sea por la salud. Y eso que salgo ganando. (Aunque aún temo el arribo del TLS, que ése sí suele, como promete, ocuparse de lo literario).



En la Provenza



De hace algunos veranos son esta foto y este soneto que vienen a rescatarme de estos días invernales.


SONNET POUR LA BASTIDE LE CHÂTEAU


Bajo el cielo sin fin de la Provenza,

en medio de sus ocres y sus verdes,

por el oro de luz los ojos pierdes

ganando un paraíso que comienza


al alba y no termina, aunque te venza

el sueño anochecido, y no recuerdes

la angustia sempiterna que te muerde.

Olvidas el pesar que teje y trenza


cadenas de dolor, hoy desterradas.

En su lugar, la miel, los higos y una jarra

de vino del país. Besas la vida


en un verano eterno. La chicharra

compone su canzó en las enramadas.

Rodeada de olivos, la bastida.


sábado, 22 de enero de 2011

La afición del viudo




LA AFICIÓN DEL VIUDO


Sellos de colorines, graves sellos

a una tinta tan sólo,

con trajes regionales de la patria,

con aves y científicos de remotas fronteras;

cirílicos, hebreos y latinos,

en céntimos, peniques o florines.


Un álbum en lugar del otro álbum

de las fotos con ella.


Las pinzas, los catálogos, la lupa

mirando lo cercano para olvidar lo ido,

las líneas dentadas de un torpe engranaje

que retrasa la hora de meterse

solo en la cama, más vasta y mezquina,

gélida y repetida de su ausencia.

viernes, 21 de enero de 2011

Con Antonio Serrano Cueto


Fotografía de Ramón Simón

El jueves por la tarde presentamos No quieras ver el páramo, el poemario tan hermosamente editado por La Isla de Siltolá con el que Antonio Serrano Cueto se estrena en el género a los cuarenta y tantos años de su edad .
En literatura, lo que importa es la obra, que ésta esté bien hecha, no importa que su autor se haya expuesto antes o después al foco de la atención pública (que, no nos engañemos, tratándose de poesía más bien habría que hablar de linterna o llamita de cerilla, de un pequeño fósforo). La poesía de Antonio está hecha desde la exigencia, y viene madura de expresión y fondo. Está en sazón. Nos resultó muy grato compartir ese rato con él.

jueves, 20 de enero de 2011

Valentín, de Juan Gil-Albert



Juan Gil-Albert no sólo fue un excelente poeta sino también un gran prosista, como acredita su obra memorialística o esta novelita, Valentín, que acaba de recuperar Paréntesis con prólogo de Luis Antonio de Villena.
El amor como pasión que se desborda, los celos, el teatro shakespeareano, la muerte: todo eso está en esta obra que vuelve a las mesas de novedades de las librerías.


miércoles, 19 de enero de 2011

Cesuras



He estado algunos días (pocos) sin traer agua a este molino. No ha sido mucho tiempo, pero acostumbrado al fluir constante se me antoja estancado el blog.
La otra tarde, Sally Crane, la esposa de Aquilino Duque, me regaló un ejemplar del Sweet's Anglo-Saxon Reader in Prose and Verse (el mío estaba tan baqueteado, que éste, de segunda mano, me parece digno del epíteto de la famosa antología de Castellet). Y me he acordado de mis traducciones de "La batalla de Maldon" o la nunca terminada de Beowulf. Estos versos los escribí hace tiempo, y traen a la palestra al monstruo antagonista del héroe de este último poema:

CESURAS


La poesía germánica lo enseña;

también lo corrobora nuestro oído:

lo importante discurre entre cesuras.


Por eso no me importan estas pausas

entre un poema y otro. Los silencios

también tienen su razón y su música.


Como acentos en versos memorables,

los mejores poemas las redimen,

estas lagunas de callada espera


donde -vuelta al principio- acecha Grendel.


sábado, 15 de enero de 2011

Los cielos que perdimos


Joaquín Romero Murube, Jorge Guillén, Federico García Lorca, José Antonio Rubio Sacristán y Pepín Bello en 1935


Con este título escribió Joaquín Romero Murube, poeta de Mediodía y responsable muchos años del Alcázar de Sevilla, un libro que denunciaba los desaguisados que se estaban produciendo en el caserío de su ciudad, la nuestra, en la segunda mitad del siglo pasado. Pero los estropicios no han cesado; antes bien, van en aumento. Sin ir más lejos, y lo digo literalmente, porque uno vive en su entorno, ¿qué decir del crimen urbanístico que las autoridades están permitiendo en la Casa de la Moneda? De nada parece servir que se trate de un inmueble protegido con la categoría A: el caso es añadir plantas; sumar plantos al lamento de Romero Murube por esos cielos que perdimos y aún seguimos perdiendo. Aquí se puede leer -y lo más sangrante, ver- sobre la codicia que da al traste con el patrimonio y, sólo basta tener ojos en la cara, con la armonía de una hermosísima fachada de Sebastián van der Borcht.

jueves, 13 de enero de 2011

Un reencuentro




Las llamadas redes sociales tiene eso: que a veces se pesca en ellas lo insospechado. Gracias a Facebook, hace unos días he retomado el contacto con el poeta José Luis Morante, a quien había tratado cuando ambos colaborábamos en las páginas de La Mirada, suplemento literario de El Correo de Andalucía.
Ahora, José Luis ha publicado en la colección granadina Maillot Amarillo una estupenda antología de sus versos, que cubre casi veinte años de escritura, desde Ronda con estatuas (1990) a los inéditos fechados en 2009.
Me reencuentro con poemas que conocía, y con otros nuevos. De Largo recorrido (2001, Premio Internacional de Poesía San Juan de la Cruz) es esta

RAZÓN DE SER

Soy vagón detenido que te espera,
colmado de ilusión, en el vacío
escenario de un tiempo sin historia
y acomoda la tregua a tu partida.
Soy venero motriz que ensancha cauces,
remonta la raíz de las traviesas
y pretende con gozo el añorado
abrazo fraternal del horizonte.
Soy párpado, pupila dilatada
que busca en el cristal un simple roce,
las huellas sumergidas de algún gesto.
Soy pavesa, rebrote de la llama
que disuelve la noche y templa el día.
Cerca o lejos, mientras existas, soy.

martes, 11 de enero de 2011

Premio



No ha ganado uno el premio al que se había presentado. ¡Bien! Mejorará el libro. ¿Y qué son 12.000 € comparados con una coma bien puesta?

Cantigas y cárceles




"Estas lentas palabras tienen algo / del lento sol que por las tardes últimas / de septiembre se desvanece en plata", escribe en "En romance", el penúltimo poema del libro, su autor, Juan Manuel Macías. Y tienen toda la razón él y sus versos.

lunes, 10 de enero de 2011

Previsiones para el año


Tanto me traían Los Reyes Magos que han decidido repartirse a lo largo del año en vez de agotar sus regalos el 6 de enero, y me siento muy afortunado:

Poemas en los próximos números de Turia, Sibila y Campo de Agramante.
Una Praga lírica en uno de los primeros números del año de Clarín.
Un prólogo al segundo poemario de Olga Bernad, Nostalgia armada.
Una selección de entradas del blog, titulada Afán de permanencia, en la colección Álogos, de la Isla de Siltolá.
Mi poemario Lejos en la misma editorial.
El poemario Separaciones y regresos en Pre-Textos.
Un adelanto del segundo tomo de la biografía de Luis Cernuda en la revista El maquinista de la Generación.
La publicación de este segundo tomo en Tusquets.
La publicación de mi traducción de Deseo, el volumen de cuentos en irlandés, de Liam O'Flaherty, que saldrá en Nórdica.
La traducción de una antología de la poesía de Gerard Manley Hopkins en Vaso Roto.

(Y más cosas, seguro, que ahora ignoro o se me olvidan...)




domingo, 9 de enero de 2011

sábado, 8 de enero de 2011

viernes, 7 de enero de 2011

Espacio habitado


"Anacreonte lee sus poesías en la casa de Lesbia",
Sir Lawrence Alma-Tadema, 1870


Recibo un ejemplar del número 0 de Espacio habitado. Revista de poesía y pensamiento, que se presenta en el Ateneo de Sevilla el próximo jueves 13 de enero. Parece fábula que en la coyuntura actual aún sigan apareciendo revistas en papel tan bien intencionadas como ésta. Aunque luchando con una tipografía que parece elegida a conciencia para provocarle un infarto a Andrés Trapiello o devolver a la tumba a Manuel Altolaguirre, si fuera posible que resucitara, entre colaboraciones de amigos como Enrique Baltanás o José María Jurado y de otros que espero que lo sean un día, estos "Cuatro fragmentos de Anacreonte", que traduzco y presento con la siguiente nota:

Buscando el pasaporte, en aras de una renovación que no sé a qué tierras me llevará, me he topado con estas antiguas versiones, caligrafiadas junto a la transcripción griega de su título y mi posible nombre, en unas hojas en octavo conservadas en un cartapacio. Así, antes incluso de contar con el nuevo cuadernillo de color burdeos, he visitado la Hélade, y la Abdera, la Atenas y la Tesalia de Anacreonte, en documento que a diferencia del rigorista salvoconducto no ha caducado a pesar de los veinticinco siglos transcurridos desde su composición y los cinco lustros que hace que lo romanceara.

Fue Anacreonte (para fijar su vida recordemos que nació al morir Safo) un amigo de la buena vida. En el lote, claro, entra la poesía. Ya fuera a muchachas o a galanes, dedicó sus versos a la belleza, al placer, al amoroso juego.

Aquella revistilla escrita a mano en que recogí estos fragmentos de Anacreonte la titulé Papiro, en parte bajo la égida de Ezra Pound, autor de ese sugestivísimo homenaje a Safo que es su fragmentario poema de idéntico título, “Papyre”. Va por usted, Old Ez.


[1]


Canosas tengo las sienes

y blanca ya la cabeza,

pasó la juventud grata

y tengo viejos los dientes.

El tiempo de vida dulce

que me queda ya no es mucho.

Por eso a menudo lloro

y tengo miedo del Tártaro,

pues horrible es el abismo

del Hades, y hosca la senda

que desciende… A buen seguro,

quien baja ya no regresa.


[2]


Potra tracia, ¿qué es lo que hace

que me mires de soslayo

y huyas cruelmente, creyendo

que nada sé de la vida?

Sabe tú que si quisiera

el bocado te pondría

dominándote con riendas

en las lindes del estadio.

Paces aún por el prado,

libre juegas dando brincos,

que no tienes un jinete

diestro en la doma de yeguas.


[3]


Mozo con mirar de niña,

te persigo y no me escuchas.

De mi corazón conduces

las riendas, y no lo sabes.


[4]


Venga, tráenos, muchacho,

la copa que beberé

de un trago. Diez cazos de agua

y cinco de vino mezcla,

para que, sin excederme,

vuelva a festejar a Baco.

Vamos de nuevo, sin tanto

estrépito y griterío:

no bebamos como escitas

el vino, sino brindando

al compás de hermosos himnos.


jueves, 6 de enero de 2011

Con el tiempo


Un nuevo libro de Enrique García-Máiquez es siempre una fiesta, aunque el día de su lectura caiga en laborable, y a pesar de que, sin fe, uno no comulgue, ay, con el tiempo sagrado del ritual que pauta la vida del poeta. Que en el más reciente de los suyos, Con el tiempo, uno pueda hallar numerosos motivos de emoción (en arco que va de la sonrisa al escalofrío), y ello pese a no compartir del todo su mundo, dice mucho de la capacidad transformadora de su poesía, de su magia, de su encanto.
El humor es la expresión de la que muchos de estos poemas se sirven para comunicar lo serio. Es lo que sucede ya con el primero del libro, "In Memoriam", maravillosa muestra de que la elegía se puede ver transfigurada por un gesto amable, cariñoso, casi un guiño travieso. A veces, por el humor se sabe dónde está el fuego, como aquí se ve.
"Abisal" se abre con cuatro versos tan rotundos que luego al poema le cuesta mantenerse en esa transparente superficie y se vuelve más opaco. ¿Pero cómo continuar cuando se escribe esto?

Escoges el momento en el que quieres
mañana despertar girando un poco
la aguja de un reloj. Y sin embargo
la brújula del sueño, ¿quién la imanta?

"El hijo que no tengo" es un memorable ejercicio sobre lo no sido, felizmente corregido por un hecho posterior: el nacimiento de una niña cuando el libro estaba ya presto a publicarse. Cercenar de él un verso o dos sería muy injusto, y sólo por hacerse con los veinte que lo componen ya merecería la pena buscar el libro en un establecimiento del ramo o pedirlo por internet. Es, nunca más certera la expresión, un poema de antología.
Son muchos los poemas sorprendentes, felices, logrados; citar algunos es ahora para mí el placer de releerlos: "Anocheciendo", "Versión", "De cine" o los bellísimos haikus de "Las estaciones".
En "Otra autobiografía", con su homenaje a Luis Rosales (a quien García-Máiquez ha antologado) a través del título y los dos últimos versos, coincide con otro poema reciente de Enrique Baltanás recogido en Trece elegías. No son los únicos ecos provechosos: ya desde la cita de Adam Zagajewski que glosa el año en que nació García-Máiquez, hallamos una variación sobre Ernesto Cardenal, un "Agradecimiento a Miguel d'Ors" (que no está entre las mejores composiciones del libro), un comentario a Auden o el desarrollo de una parábola bíblica. Y hablando de religión: qué bien esquiva Enrique lo ñoño, lo programático, lo previsible. Léase a este respecto "Icono".
Con el tiempo es uno de los últimos libros de 2010. Quién lo diría: con su frescura y lozanía es -leedlo, si aún no lo habéis hecho- uno de los primeros del 2011 y aun de la década.

miércoles, 5 de enero de 2011

Cajas


Si España fuera Inglaterra -cosa más imposible en lo antropológico y social que en lo meramente geográfico y atlante (de atlas, claro)-, este próximo viernes sería Boxing Day, el siguiente al de Navidad, fecha en que allí se hacen los regalos. Aquí, trayendo los Reyes Magos sus presentes el Día de la Epifanía (el Twelfth Day shakespeareano, duodécimo tras el llegar de Cristo), su equivalente es el 7 de enero, jornada en que por estos lares principian las rebajas, como allí el 26 de diciembre.
Boxing Day, día de las cajas. Coinciden -o mejor, compiten- varias teorías sobre la etimología del Boxing Day, como en una caja en la que caben muchas cosas vagamente heterogéneas.
La editorial granadina Cuadernos del Vigía ha publicado Juego de cartas, singular libro de Max Aub: un estuche con dos barajas que permiten jugar a recomponer la vida de su protagonista, Máximo Ballesteros. Se trata de un "rompecabezas narrativo", como lo ha calificado mi amiga Eva Díaz Pérez en la reseña de la obra que da en el último número de la revista Mercurio.
Este tipo de lectura al albur, como un juego de naipes, me recuerda a una novela también presentada en una caja, The Unfortunates, del inglés B. S. Johnson, que se puede leer al gusto del lector, un poco como Rayuela, en cuadernillos sueltos. Se publicó en España hace unos años y creo haberla reseñado en algún sitio. El nombre de su autor también se moja de cerveza cuando coincido con un especialista en Johnson, mi antiguo profesor Brian Crews, en la barra de Flaherty.
Pero no en Sevilla al mediodía, sino la otra tarde, en Barcelona, hice la ronda de librerías, y en la Central de la calle Mallorca mi mano se fue a un volumen expuesto en la sección de poesía: Nox. Enseguida lo decliné maquinalmente: nox, nocis. Sus tres dedos de grosor le daban el aire de ser unas obras completas, pero como una nuez que se abre para extraer su fruto, al tomarlo también resultó ser una caja: una peculiar colección de recuerdos personales entreverados con poemas y versiones de Catulo, obra todo ello de Anne Carson, poeta y profesora de clásicas. Es una elegía por su hermano Michael. Ella lo llama "epitafio".
Uno ha leído la poesía de otro poeta de ese apellido, el irlandés Ciaran Carson (del que se acaban de editar recientemente varios libros, reseñados en The Times Literary Supplement en número que compró también en Barcelona); el nombre de Anne, pues, no le resulta desconocido, aunque no sabría asegurar que por derecho propio.
Nox es una sola hoja de papel, que a modo de acordeón se despliega. Guarda fotografías, minucias familiares pegadas como si de un álbum íntimo se tratase.
Lo dejé en su mesa de novedades. Luego, en el vagón de Metro que me llevaba al hotel, leía una extensa recensión, o más bien ensayo acerca del libro -aceptaré la convención de llamarlo así-, en el número de la segunda mitad de octubre de The New York Review of Books (la revista la compré en Laie).
A diferencia de la de Pandora, estas cajas no guardan calamidades.

martes, 4 de enero de 2011

Lo fugitivo permanece y dura



SIEMPRE ME SENTÍ PROVISIONAL


Siempre me sentí provisional,

igual que un campamento de gitanos

o el agua que anegando los sembrados

escapa, abandonando luego el mar:


las nubes que se forman y al pasar

se enredan en posibles, hoy soñados

que mañana se olvidan. Yo no amo

nada que se obstine en perdurar.


Saber que uno se acaba es el alivio

que hace este viaje llevadero.

Que todo vive porque está difunto


lo mismo que del caos nace el mundo

y sólo en lo pequeño está lo entero.

El viejo muere porque nace el niño.