miércoles, 31 de octubre de 2012

Togodumnos, un nombre


Tácito nos dejó en su Agricola la historia de la conquista romana de Britannia, con algunos valiosos detalles sobre los caudillos autóctonos. Mi amigo Daniel López-Cañete, catedrático de latín de la Universidad de Sevilla, ultima una edición de la obra de Tácito y, por medio de una consulta que me hace sobre un nombre celta, sin él saberlo me invita a una excursión por aquel siglo primero de nuestra era. Llevado por su pregunta se me ha pegado a las botas del magín un barro inglés de bastante antes que existiera Inglaterra. Releo a J. Rhys, repaso mis nociones de britónico, que sirven de poco para esta época anterior. Entre humaredas, lucho denodadamente; un yelmo que me queda grande me tapa los ojos.

Togodumnos, o Togidumnos, el objeto de la pesquisa, se trata de un nombre compuesto. Se entiende que es la forma recta de Cogidumnos (Agricola, 14.2). Hay una losa de mármol hallada en la bella Chichester en la que se lee [Co]gidubnus. Ti(beri) Claud(i) [To]gidubni r[eg(is) m]agni. La información se halla en R. G. Collingwood, R. P. Wright, The Roman Inscriptions of Britain. I Inscriptions on Stone (Oxford, 1965), pág. 91, y en la revista Britannia, 10 (1979) págs. 243-254.
Según Paul Russell (del Departmento  de Anglosajón, Nórdico y Céltico de la Universidad de Cambridge) y Alex Mullen (de ese colegio de Todas las Almas tan de Julián Marías, de la Universidad de Oxford), su etimología sería la siguiente, tal como registran en la base de datos Celtic Personal Names of Roman Britain:

togi- “Hacha, arco”, X. Delamarre, Dictionnaire de la Langue Gauloise, (Paris, 2001, 2ª ed.), pág. 299; s. n. touga,  K. H. Schmidt, Die Komposition in gallischen Personennamen (Tubinga, 1957), pág. 279, y B. Lörincz, F. Redö, et al., Onomasticon Provinciarum Europae Latinarum (Budapest y Viena, 1994–2002), vol. iv, pág. 126.

dubno- “profundo, subterráneo, infernal”, X. Delamarre, Dictionnaire de la Langue Gauloise, (Paris, 2001, 2ª ed.), págs. 151-152; D. E. Evans, Gaulish Personal Names (Oxford, 1967), págs. 196-197; S. Ziegler, Die Sprache der altirischen Ogam-Inschriften (Göttingen, 1994), pág. 193; P. Sims-Williams, Ancient Celtic Place-Names in Europe and Asia Minor, Publications of the Philological Society, 39 (Oxford, 2006), págs. 72-73; B. Lörincz, F. Redö, et al., Onomasticon Provinciarum Europae Latinarum (Budapest y Viena, 1994–2002), vol. ii, págs. 110-111; X. Delamarre, Noms de Personnes Celtiques dans l'Épigraphie Classique, (París, 2007), pág. 220.

Llueve. Me preparo una taza de té. Llaman a la puerta. Entran un señor con pipa, oxoniense, y un porteño ciego. Los abrazo.



martes, 30 de octubre de 2012

Fantasmas



He estado escribiendo durante los últimos meses acerca de fantasmas, no necesariamente los espectros que vagan, baratos extras que no cobran ni el bocadillo, en una película de miedo, esos que son tan fáciles de ridiculizar, como el tío que se ponía una sábana por encima, cosa nada rara en su época y en los barrios, los pueblos, como se puede observar en Juan Belmonte, matador de toros, de Chaves Nogales.
Con quienes he estado encerrado son los fantasmas de Yeats, sus obsesiones, las figuras recurrentes en su cabeza; y acabo de leer ese otro relato de fantasmagorías que es El país imaginado de Eduardo Berti, del que me ocuparé en una entrada próxima. ¿Dónde no hay un fantasma? ¿Quién no lo es? José Moreno Villa escribió en una nota que se conserva en la Residencia de Estudiantes: "El fantasma de cada cual tiene que vivir y crecer, acaso con más derecho que el otro personaje, el que todos conocen de nosotros."

lunes, 29 de octubre de 2012

Puertas abiertas



En una editorial que no es de poesía, sino de enseñanza de idiomas, incluido el español, ha aparecido un libro insólito que viene a ingresar por derecho propio en el corrillo de recomendados que aquí en la bitácora alzan su coro para quien quiera oírlo. 
Yo que tú, de Juan Vicente Piqueras, se subtitula Manual de gramática y poesía. Desde luego, trata de estas dos cosas, aunque lo de manual se le queda corto y no deja de ser más que una ocurrencia. Juega Piqueras con los tiempos verbales, con los pronombres, con el alfabeto, y hasta compone un padrenuestro gramatical. La inteligencia que se despliega en Yo que tú también se permite la emoción, como debe ser. Para botón de muestra, el delicioso poema de amor "Ella y yo", donde entre otras definiciones y explicaciones de lo que cada cual sea hallamos:

Ella es un hombre de acción.
Yo, una mujer confundida.

O bien:

Ella es la luna de día.
Yo, un girasol en la noche.

No hay página de este poemario que no guarde una sorpresa, una iluminación, una puerta abierta. De puertas trata el prólogo que le ha escrito, a él y para nosotros, Jesús Aguado. Dice este: "A un poeta se le reconoce, entre otras cosas, por el modo en que va dejando abiertas las puertas que traspasa. Un poeta no cierra las puertas. Un poeta, de hecho, escribe para convencer a los demás de la importancia que tiene dejar las puertas abiertas. Cada poema es una jornada de puertas abiertas a alguna de las zonas de la sensibilidad o la inteligencia, a una imagen o intuición determinadas, a una experiencia, a un sueño. Cada poema es, también, una casa con dos puertas (y, por eso, felizmente mala de guardar) y una puerta al campo (algo inútil que le da sentido a lo útil): el lugar donde las puertas dialogan con su vacío y con su media elíptica y con las corrientes de aire que siempre las dejan al borde del portazo."
Vuelvo a Piqueras para cerrar esta entrada con una estrofa del poema que dedica (¡gracias por la parte que me toca!) a los traductores (él también lo es, y excelente):

En la liturgia de la literatura
son tratados como los monaguillos.
En cambio son pontífices: los que tienden los puentes
entre las islas de lenguas lejanas, los que saben,
que todas las lenguas son extranjeras, 
que entre nosotros todo es traducción.




sábado, 27 de octubre de 2012

La Noche en Blanco (y II)

Novalis


Quizá para subrayar el simbolismo de la noche frente al día, de la luna frente al sol y de los metales que inmemorialmente los representan, frutos de diferente brillo que cuelgan del árbol de los símbolos, los organizadores de los actos que hoy comenzarán al caer la tarde en Sevilla han elegido un cartel que representa a la Torre del Oro transmutada en una imagen que más recuerda a la de la Plata.
            Quienes asistan a ellos podrán codearse con un ornitorrinco o un armadillo en la Casa de la Ciencia o asistir a la exposición de la VIII Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo; descender al micológico Antiquarium o realizar visitas guiadas de las Casas Consistoriales, con salas tan dignas de ser conocidas como la del Juzgado de Fieles Ejecutores. Y ya que hablamos de ejecutores, pero en otro sentido, también se podrá recorrer el Castillo de San Jorge, sede en tiempos del Tribunal de la Santa Inquisición. Habrá lecturas de poesía, muestras de artistas y diseñadores. El ICAS colabora desde su ámbito que rige lo local. Los museos dependientes de la Junta no abrirán, sin embargo, y es una pena. Si la convocatoria de este año resulta ser el éxito que es de desear, tal vez el próximo la Consejería de Cultura se sume, se junte, que es lo que predica su nombre de unión, de ayuntamiento superior al de los municipios, y lo que esperarían de ella los ciudadanos.
Más de uno se sorprenderá al ver circular por las calles esta noche de viernes a grupos de personas que, en vez de acarrear las consabidas bolsas con bebidas que cierta ley no escrita dice que hay que abandonar en las aceras, marchan afanosos a una galería de arte, a una sala de teatro, a una excavación arqueológica, en las manos un folleto, un libro, un catálogo; que en vez de concurrir a un templo a ver la entrada de esta o aquella procesión encaminan sus pasos a otros lugares de culto. ¿Efecto ese deambular contracorriente de la alta graduación de copas de garrafa, de alguna sustancia sicotrópica? ¿Novelería? Dichosa novelería en todo caso la que lleva a participar en actos de esta índole. Hoy Sevilla será más de Novalis que de Cadalso, más de himnos a la noche que de noches lúgubres.
Conforta ver que quienes están detrás de esto sean jóvenes. Se pasa uno los días entonando la jeremiada de que apenas se ve a los de su generación en presentaciones de libros, conciertos, exposiciones y demás saraos culturales y ahora vienen ellos, con toda la osadía de la juventud, a desmentirlo con una mueca insolente.

(El Mundo, edición de Sevilla, 26-10-12) (Para quien no sea de Sevilla, una breve nota sobre esa palabra, "micológico": es que el Antiquarium está bajo el llamado Centro Parasol, vulgarmente conocido como Las Setas, por la forma del edificio)

viernes, 26 de octubre de 2012

La Noche en Blanco



La buena noticia es que hoy se retoma la Noche en Blanco en Sevilla, con muchas actividades culturales. La mala, que a las 20:30 h. hablaré en la Casa de la Ciencia (Pabellón del Perú, entre la Biblioteca Infanta Elena y el Lope de Vega) de "Luis Cernuda y la generación de Mediodía". Advertidos están, que quien avisa no es traidor (traductor en todo caso).

jueves, 25 de octubre de 2012

Descubrimiento de Ana Blandiana





Son pocas las ocasiones en que un poeta, y más si leemos su obra traducida, causa un asombro como el que he experimentado recientemente ante la rumana Ana Blandiana (Timisoara, 1942). Sin duda tienen buena parte en ello la excelente versión que ofrecen de ella Rafael Pisot y Juan Vicente Piqueras en Cosecha de ángeles, editada en la colección Cosmopoética al cuidado de Lara Cantizani. 
Desde el primer poema tuve conciencia de hallarme ante una poeta extraordinaria, autora de joyas como "Eclipse", "El ojo cerrado", "Sólo el amor", "Cosecha de ángeles", "Moléculas de calcio", "De tu voluntad", "Sin saber" o "Este poema".
Blandiana no es amiga de sorprender (aunque lo hace), de salir a la pista circense de los malabarismos, sino a hacer reconocer en el lector lo que ofrece el poema, prefiriendo la sugerencia a la expresión. A eso se refiere cuando en la primera estrofa del último de los poemas que enumeré arriba escribe:

Este poema dura sólo esto, 
lo que tardas en leerlo: 
la próxima vez que lo leas 
será otro
porque tú serás otro
y, por supuesto, será completamente diferente
cuando lo lea otra persona.

La más que recomendable antología bilingüe de esta poeta (y también autora en otros géneros) que, lo digo sin ambages, se me presenta como totalmente acreedora al Premio Nobel se completa con unos fragmentos entresacados de su ensayo "La poesía entre el silencio y el pecado" (2006). Mucho hay de subrayable en ellos, como esta frase que no puede ser más atinada: "La poesía no tiene que resplandecer, tiene que alumbrar."

miércoles, 24 de octubre de 2012

Una poeta venezolana



Qué gran deuda tenemos contraída los lectores españoles con Francisco José Cruz y, siempre su eficaz colaboradora, Rosario Acal, su esposa. La revista que editan en Carmona, Palimpsesto, está pendiente como ninguna de la mejor poesía hispanoamericana. Esto es algo que se reafirma en cada nuevo número, en cada flamante suplemento. El último publicado de estos recoge al cuidado de Miguel Gomes una antología de Enriqueta Arvelo Larriva (Barinitas, 1886-Caracas, 1962), una poeta que como escribió Guillermo Sucre se decanta por el escorzo. Así, "cristal nervioso" llama Arvelo Larriva al agua:

El agua está viva, y es para vosotros,
los que vais sedientos de un cristal nervioso.

Tiene una gran capacidad para la metáfora esta poeta, como cuando hace que la penumbra sea "madrina de los sueños". Y qué comparación tan estupenda esta, que deja de lado la suntuosidad del objeto en que se unen ambos elementos del verso: "Yo quiero ser sencilla como el hilo sin perlas".
El hilo, no el collar. Enriqueta Arvelo Larriva es sensible como pocas voces a lo pequeño, como ese pájaro al que ofrenda "Tú, el minúsculo". Tras expresar la delicia de ver aletear al pajarillo viene la congoja por verlo "ya plenamente quieto". Los versos que suscita esa emoción están muy cerca del "ver el universo en un grano de arena" que con sabiduría atemporal predicaba William Blake; dice la poeta: 

Confunde ver la inmensa muerte 
entrar toda en un mínimo cuerpo.

Cuando ya siente cerca la muerte propia es capaz de escribir un poema como "Devolución de mi sangre". Qué hermosísima despedida del mundo, entregando el testigo de la vida en un mundo inmanente:

Dios, te vuelvo mi sangre; la hallarás sin mudanza.

Prueba otra vez con ella, bajo tus soles jóvenes.

lunes, 22 de octubre de 2012

En el taller de una poeta




Anna Crowe

Creo que no había leído un solo verso de Anna Crowe hasta hace unos días. Ha sido ahora, merced a uno de los volúmenes de la colección de Poesía Internacional de Cosmopoética, cuando he podido conocer su obra, de tan alta calidad. La edición es bilingüe (la versión española, nada menos que de Joan Margarit), y aunque la ilustración de la cubierta, junto con su título, llama a engaño no hay en estas páginas gamberradas, vanguardismos ni poses de desafío ni más imperdibles que los alfileretazos de la emoción y la inteligencia.
Tiene muchos momentos memorables este Punk con salterio de la poeta afincada en Escocia y que imparte talleres de escritura en Saint Andrews, al claustro de cuya universidad pertenece también John Burnside, con quien hemos compartido recientemente algunos ratos en Córdoba en compañía de su traductor Jordi Doce.
He ido anotando algunos versos de Crowe que pueden ser de utilidad a los alumnos de mi propio taller. De eso es de lo que se ocupa este asiento de hoy.
Como toda gran poesía, la de Crowe es fruto de una sabia ordenación del lenguaje. En el poema "The Extraction" ("La extracción") otorga una consistencia física al ruido que no está del todo presente en la traducción de Margarit:

After the screams as saws bit into steel, 
and crump as girders fell;

Después del chillido de las sierras al morder el acero
y del ruido sordo de las vigas al caer.

Más exacto sería:

Después de que los chillidos mordieran el acero como sierras
y el ruido sordo cayera como vigas;


Tampoco aquí la traducción transmite todo lo que hay en el original, donde se dice que la estampa cayó tras el piano, pero la imagen de la memoria como ese gran instrumento tras el que caen las cosas, que siguen resonando, es muy poderoso:

Some lost things I still long for.
A print of Antwerp cathedral,
rolled-up and fallen years ago
behind the booming piano of my head,
goes on plucking twangs of regret.

Hay cosas perdidas que todavía lloro. 
Una estampa de la catedral de Amberes,
arrollada y caída hace años,
pulsa un tañido de pesar
detrás del retumbante piano de mi cabeza.


En otros versos, sin embargo, el poeta catalán consigue mejorar el original sin serle infiel sino potenciando lo que estaba latente en Crowe y que de algún modo u otro asoma a muchos de sus poemas:


(...) this garden drenched with night
and its November smell of bonfires 

(...) este jardín
empapado de noche y de noviembre,


Independientemente de su sonoridad como endecasílabo, esa coincidencia en lo que empapa el jardín (la propia noche
y el mes al que esta pertenece, con todas las connotaciones de frío y lluvia) proporciona una gran plasticidad. La misma que hallamos en estas líneas de "Coming to Light" ("Saliendo a la luz"):

how the sun sank into the great red arms
of the cedar at the road's end
like the pietà on the wall at school;

y veía cómo el sol se hundía en los brazos,
rojos y enormes, del cedro del final de la calle
igual que la pietà en la pared de la escuela.

Qué visuales estos versos, particularmente para quien haya visto paisajes parecidos desde la ventanilla de un avión o desde una eminencia del terreno:

Every year there are more villas,
each with its pool
set like a turquoise or an aquamarine;

Cada año hay más casas,
cada una con su piscina
empotrada como una turquesa o un aguamarina.

En el poema que da título a la antología, la autora encuentra a un punk, que no resulta ser tan fiero como él mismo se pinta, en el tren. E inesperadamente delicado, se pone a hablar de plantas con un dominio, una precisión, que causan pasmo en la poeta. Qué bien escoge esta la forma de decirlo, dado el contexto: 

He is a green man speaking leaves.
Rainforest canopy fills the carriage
with rustled whispers; words
that make Linnaean music, space
for colobus, catleya, bell-bird
to peep from the fringes of speech.

For an hour he held sway, in language
as way above my head as, say, a sequoia.

Es un hombre verde que habla con hojas.
El frondoso follaje llena el vagón
de rumores susurrados: de palabras que componen
una música linneana, dejando espacio
para que el colobo, la catleya, y la manorina campanera
se asomen a hurtadillas desde las periferias del habla.

Durante una hora dominó la conversación con un lenguaje
tan por encima de mí como una secuoya.


En "A Calendar of Hares" ("Un calendario de liebres"), que recuerda a las trece formas de mirar a un mirlo que consignó Wallace Stevens, leemos:

5. When the buzzard wheels
like a slow kite overhead
the hare pays out the string.

Cuando el águila vuela
como una cometa en lo alto del cielo
la liebre va soltándole cuerda.

12. November stiffens
into December: hare and grass
have grown a thick coat of frost.

Noviembre se endurece
al entrar en diciembre: la liebre y la hierba
se han puesto un grueso abrigo de escarcha.

Cómo vemos en el primer poemita el miedo de la liebre, que querría que el águila se alejara cielo arriba, lejos de ella y de su condición de presa. Y en el segundo, la identidad entre el animal y el pasto. A ambos les ha salido ese oxímoron: el abrigo "de escarcha", esa capa que los une bajo el frío. Es esencial la observación para el poema (véase lo que se dice en el ejmplo siguiente sobre el muro de un jardín), así como la imaginación y el establecimiento de analogías que huyan del cliché. Qué felizmente literaria, sin pedantería para un lector culto de lengua inglesa, la imagen de esos capítulos que deliberadamente dejó en blanco el autor de Tristram Shandy en su novela:

the garden wall a library
on the hermeneutics of the snail.
Acknowledging a debt to Sterne, snow
offers the reader days of blank pages.

el muro del jardín una biblioteca entera
sobre la hermenéutica del caracol.
Con reconocimiento a Lawrence Sterne,
la nieve ofrece al lector unos días de páginas blancas.

Cerraré estas notas con dos muestras más de la expresividad de Crowe, de la capacidad de presentar la materia y las asociaciones mentales con sus versos, con sus imágenes:

Gollop was our grandmother's butcher.
Saying his name out loud, you swallowed
a lump of gristle whole. (...)

Gollop era la carnicería donde compraba mi abuela.
Si decías su nombre en voz alta,
engullías un manojo entero de cartílagos.

y

Words and numerals, raised up
like braille, in paler script,
where earth is searching the stone
with the long, blind fingers of grass
for names, more names.

Palabras y números en relieve,
como en Braille, en letra más pálida,
allí donde la tierra manosea la lápida
con los largos dedos de la hierba,
buscando nombres y más nombres.












domingo, 21 de octubre de 2012

Sólo y sol


Igual que una yema industrial de huevo triste que no ha conocido granja ni ese Pitas, pitas que como ensalmo mágico invita a la intensidad y casi, a falta de una sílaba, a emular las pepitas de oro, en mi biblioteca el lomo de la Ortografía de la Real Academia Española se ha decolorado. El sol le ha succionado, gran vampiro de lo suyo, el amarillo. Lo ha hecho en correspondencia con lo que ha sucedido en el interior del volumen, donde también se han borrado definitivamente las tildes sobre algunas palabras. El sólo está ahora más cerca del sol, y como él, solo ya, a veces confunde y entorpece la lectura, deslumbrando y entorpeciendo cuando antes iluminaba y guiaba.

sábado, 20 de octubre de 2012

A nuestras mismas puertas



No es solo una cuestión política, en la que se diriman las vías para que los ciudadanos gocen de una vida mejor. Se trata del presente, y de su observación solo se puede concluir que la actual sociedad es muy injusta, sin duda más de lo que lo ha sido en las últimas décadas. En muchos países de nuestro entorno, y en el nuestro mismo, la Constitución, las leyes, son avanzadas. Nominalmente. Ahora, se ve la vida cotidiana fuera de los códigos y del Boletín Oficial del Estado y todo adquiere un tono sórdido, cada vez más preocupante.
            Quien no pasa auténticas estrecheces y simplemente se ha visto obligado a reducir un poco su tren de vida, disminuyendo pongamos las salidas de ocio o la duración de las vacaciones, no puede tener idea de cómo la devastación económica va golpeando alrededor.
            En Sevilla ha sucedido recientemente uno de esos casos que justifican una carta de dimisión irrevocable de este club depauperizado (sobre todo en lo moral) del género humano.
            J.R.L. era hasta la pasada primavera uno de tantos trabajadores más o menos mileuristas. También a él le alcanzó la violencia real de ese eufemismo, la crisis, y empezó a no cobrar la nómina. El protagonista de esta lastimosísima historia era vigilante de seguridad, y siguió trabajando a pesar de que ya el sueldo no entraba en su casa. Luego, la empresa entró en concurso de acreedores (perífrasis que suena a entretenimiento televisivo de lo que es lisa y llanamente una quiebra) y fue subrogado a otra empresa. Le debían 10.000 euros.
            Pepito, como conocían sus compañeros a este vigilante de más de cincuenta años, no abandonó su puesto de trabajo: diariamente acudió al Polideportivo de San Pablo a prestar sus servicios. Como no tenía dinero, empezó trasladándose desde su domicilio de Dos Hermanas en bici y, cuando ya no pudo pedalear porque le robaron esta (uno de los detalles más sangrantes de su historia, aunque no el más grave) no tuvo más remedio que viajar sin billete y si era sorprendido por el revisor, al fin y al cabo casi un colega, tragándose la vergüenza pedía a otros viajeros el importe del billete o, si no daba fruto la colecta, se apeaba.
            Hubo un momento en que este hombre no pudo aguantar más, y se suicidó. Sus compañeros siguen en la misma situación, manifestándose como pueden en un entorno cada vez más duro, porque unos gritos y unas pancartas cada vez dicen menos entre otras denuncias. Todo eso ha sucedido entre nosotros. A nuestras mismas puertas.

(El Mundo, edición de Sevilla, 29-10-12)

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viernes, 19 de octubre de 2012

El papel


Hace cuatro años, callejeando por Cambridge, dimos con esta librería. El flechazo fue inmediato.

El mismo día que salta la noticia de que siguiendo el camino de otras publicaciones la revista Newsweek dejará de editarse en papel a finales de año, se anuncia que Eva Díaz Pérez, la excelente periodista cultural y novelista sevillana, finalista del Nadal, ha obtenido el Premio Unicaja de Periodismo con un artículo que precisamente reivindica el papel. 
Cada vez prefiero más para leer el papel: la pantalla me deslumbra, me distrae, me dispersa. Pero me sirvo de ella, de sus ventajas, de mil maneras inimaginables hace unos años. No se trata de elegir entre una cosa y otra para todo y sin excepción. Los libros, los periódicos impresos me son muy queridos y, por contraste con lo que ofrece el ordenador o los hijos que este ha tenido con la telefonía (Telefonía celeste, que diría Adriano del Valle), cada vez más cómodos. Pero sin las últimas tecnologías no podríamos alcanzar a conocer lo que, publicado hace un año, hoy se galardona. 
El premiado artículo de Eva, que apareció en el suplemento cultural de la edición malagueña de El Mundo, se puede leer, en digital, aquí.
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jueves, 18 de octubre de 2012

miércoles, 17 de octubre de 2012

De los sucesos


Un trabajador que llevaba meses sin cobrar se ha suicidado hace unos días en Sevilla.




DE LOS SUCESOS

In memoriam J. R. L.

Hay relojes que nunca se detienen,
tercos calendarios impasibles.
Los veintiséis manifestantes que hace días
gritaban cuando ibas al pan
–impasible como un calendario,
sin detenerte–
ahora son menos. Uno falta.
Ya no volverá a las concentraciones
ni a colarse en el tren de cercanías
para ir al trabajo que no cobra,
no aceptará más bocadillos
con menos fiambre que vergüenza.
No volverá a gritar cuando vayas al pan.

Hay relojes que nunca se detienen,
tercos calendarios impasibles.
Nóminas adeudadas desde abril
son hojas que se apilan este otoño;
no se las lleva, permanecen
en el legado de su angustia,
mísera herencia futurible
de quien es ya pasado sin remedio.
Veinticinco manifestantes, y uno más
que ahora no sostiene la pancarta.
Hay relojes que nunca se detienen,
tercos calendarios impasibles.

martes, 16 de octubre de 2012

El lienzo fértil




Acaba de salir el número 101 de la revista Clarín. Me hubiera gustado figurar en la lista de colaboradores del redondo número centenario, pero este que ahora sale se acerca mucho, errata mediante, a una evocación de las Mil y una noches, y estoy más que encantado de volar sobre su alfombra mágica. Por partida doble comparezco en esta penúltima entrega del año: con la reseña del libro con el que Ioana Gruia obtuvo el Premio Andalucía Joven de Poesía y con "El lienzo fértil", un estudio en que me ocupo sobre la presencia de Velázquez en la literatura española contemporánea. Se puede leer el sumario completo aquí.

lunes, 15 de octubre de 2012

Con Jesús Hilario Tundidor

          poetas_mundo_orive4_03
Jesús Hilario Tundidor leyendo al lado de Kepa Murua

Como tantos con los que compartió jornadas en Cosmopoética hace poco más de una semana, me ganó con su cordial afecto, con su vitalidad a la hora de pedir una cerveza y requebrar a la camarera aun delante de su esposa, con gracia, con elegancia. Sin afectación alguna, dos expresiones imperaban sobre todas: "cojonudo" (alguna vez "cojonudísimo") y "la leche". Nada parecía anunciar eso la riqueza verbal de su poesía, tan espléndida, exacta y de munífico léxico. Leerlo a fondo y ordenadamente es una tarea que me impongo con gozo para próximas fechas, pero entretanto he ido haciendo calas en sus versos. Como estos, tan hermosos y sinceramente humildes, en los que habla un hombre, no un resabiado literato:

Pues si todo fue extraño
me consoló la espera de la palabra en la carne del cántico,
y así nada pedí y ofrecí aquello
que tuve: el verso
fiel en cuya piel inmersa iba mi vida, por demás poca cosa

domingo, 14 de octubre de 2012

La victoria en la derrota

José Luis Sevillano

Así se titula el primer y muy buen libro del poeta asturiano José Luis Sevillano, con el que ha obtenido el I Premio de Poesía Universidad de Oviedo. Entre los muchos poemas que merecen recordarse, dos haikus. El primero, melancólico, dice así:

La luna pálida
de agosto, tan lejana
como tu boca.

El segundo, más desolador, proporciona su clave en el título:

EN UN HOTEL DE TURÍN

                                A Leopoldo Sánchez Torre y Marcos Tramón

Agua en el vaso,
en la mesa somníferos.
Fin de la historia.

Naturalmente, se trata del suicidio de Cesare Pavese, sobre el que ya escribió un poema Juan Luis Panero, a quien Sevillano dedica una oda en este libro. En "A la mañana siguiente Cesare Pavese no pidió el desayuno" se lee: "Bebió el vaso, las pequeñas pastillas, / y esperó la llegada del sueño." 
Son solo dos muestras de la gran calidad de la poesía de Sevillano.  Una tercera, también breve, es "Última voluntad", pero esta ya no la traigo aquí, que pedí al autor permiso para copiar un poema suyo y han sido dos. Búsquela el lector curioso entre las páginas del libro. Merecerá la pena.


sábado, 13 de octubre de 2012

El Día de la Hispanidad




Fue viernes, como hoy. El almirante vio un fuego a lo lejos, y era que desde la Pinta se había avistado tierra. Lo gritó, un río de entusiasmo que desembocó en los labios, un tal Rodrigo, al que llamaban de Triana. Por fin las Indias, el nuevo camino hasta Cipango. Rodrigo se sintió ya el dueño de los prometidos maravedíes. Luego, como tantas veces sucede con las recompensas, del tesoro ofrecido no hubo nada. Aún no había nacido Garcilaso de la Vega, ni Cervantes, ni la inmensa mayoría de escritores de nuestra lengua.
Ese es el día que celebramos, el que ha venido a ser, desde aquel primer grito de cuerdas vocales aparejadas junto al antiguo Betis, la fiesta nacional de España.
Es una festividad hermosa, la nuestra, porque a diferencia de otras no es de ensimismamiento: un encuentro es lo que evoca, el descubrimiento que pronto se vio que no era el de una nueva ruta, sino, insospechadamente, el de un nuevo y luengo continente. Desde las afueras de Ushuaia, en Tierra del Fuego, hay carteles que indican los muchos miles de kilómetros que hay hasta Alaska.
Está bien que un país se celebre en la apertura, en el espejo que hallaría al otro lado del océano. Adonde llevaría su lengua, en trasplante que no soñaran los hablantes de entonces ni sus antecesores, hasta llegar a Virgilio.
            ¿Fue un desastre el descubrimiento de América, como quieren hacernos creer los que, más que indigenistas, son indigentes culturales? Negar que hubo masacres es imposible, pero juzgar desde la perspectiva de hoy los hechos del pasado es una solemne tontería. También de las culturas iberas a las que Roma sojuzgó quedó bien poco. Querer rehacer la Historia es, sobre cualquier otra consideración, inútil.
            Desde hace décadas se estila deplorar todo aquello, pero de aquel viernes surgió la amplitud de esta lengua que hoy hablamos y escribimos cuatrocientos millones de personas.
Sería un enorme error pensar que la invención de la Hispanidad sea poco menos que un invento franquista. Un republicano exiliado, Luis Cernuda, que alguna vez pisaría el Altozano que fue familiar a Rodrigo de Triana, escribió en Variaciones sobre tema mexicano: “¿Cómo no sentir orgullo al escuchar hablada nuestra lengua, eco fiel de ella y al mismo tiempo expresión autónoma, por otros pueblos al otro lado del mundo? Ellos, a sabiendas o no, quiéranlo o no, con esos mismos signos de su alma, que son las palabras, mantienen vivo el destino de nuestro país, y habrían de mantenerlo aún después que él dejara de existir.”

(El Mundo, edición de Sevilla, 12-10-12) 



viernes, 12 de octubre de 2012

Los signos de puntuación



Son muchos los poetas que prescinden de ellos, y la lista de sus nombres sería muy extensa (¡sin comas entre unos y otros!). Una de las respuestas a por qué lo hace así la he leído esta semana en una conversación entre los poetas Francico José Cruz y Óscar Hahn en la revista Palimpsesto. Y, la verdad, expresado de ese modo, parece irrebatible el motivo. Dice Hahn, y hace casi un poema de su aprehensión: "En algún momento los signos de puntuación me empezaron a molestar. Los veía como hormigas muertas en un vaso de leche."

jueves, 11 de octubre de 2012

El Caballo de Hierro



Es una de las películas mudas de John Ford, y para ella Dan Kaplan creó una banda sonora hace ya algunos años, a la que ahora ha añadido algunas piezas con su grupo Krooked Tree. Fuimos anoche a la azotea de la Casa de la Provincia a ver la proyección y gozar de la música al pie de la Giralda. Fue una velada irrepetible en el que se me antoja el cine de verano más hermoso del mundo. La obra de Ford (1924) narra a través de unos personajes humanísimos, por suyos, la expansión del ferrocarril en los Estados Unidos. Las imágenes son, naturalmente, de una gran belleza, y no faltan junto al aliento épico los rasgos de humor y los guiños irlandeses, incluso en los diálogos de las cartelas. Fordiano tenía que ser ese momento en el que en el saloon retiran un gran espejo colgado en la pared ante la perspectiva de una buena pelea. 
Para los aficionados a la literatura, dos curiosidades: entre las estupendas canciones interpretadas por Kaplan y su grupo hay una versión de Walt Whitman (los versos dedicados al "Capitán, mi capitán", que no era otro que Lincoln), y además el papel del protagonista es interpretado por George O'Brien (sí, aquel actor a quien iba dirigida la "Oda" de Luis Cernuda, originalmente titulada "Oda a George O'Brien", de 1928). La foto la tomó Teresa con su teléfono móvil, en el descanso, y a la derecha se distingue los integrantes de Krooked Tree.




martes, 9 de octubre de 2012

Casement en Iberoamérica


Sobre Roger Casement, ese personaje novelesco protagonista de El sueño del celta, se presenta mañana una exposición en la Casa de América de Madrid. Gira la muestra sobre la experiencia en el Nuevo Continente del irlandés, y sobre su denuncia de las atrocidades que conoció allí, en la Amazonía, en medio de la explotación del caucho y de seres humanos. En el acto de apertura de la exposición, patrocinada por la Embajada de Irlanda, intervendrá Mario Vargas Llosa. Reproduzco aquí mi traducción de uno de los poemas que le dedicó a Casement su compatriota Yeats, recogido en Nuevas poesías (1938):



EL FANTASMA DE ROGER CASEMENT

Oh, ¿qué es ese súbito ruido?
¿Qué es lo que se alza en el umbral?
Nunca cruzó el mar, porque
John Bull y el mar son amigos,
pero éste no es el viejo mar,
ni ésta la playa antigua.
¿Qué provocó el rugido de burla,
ese rugir en el rugir del mar?
El fantasma de Roger Casement
está aporreando la puerta.

John Bull se ha presentado al Parlamento,
a cada cerdo le llega su San Martín,
el país lo exalta sin tasa,
pues sabe cómo decir,
en una juerga o en un banquete,
que todos deben poner su confianza
en el Imperio Británico,
en la Iglesia de Cristo.
El fantasma de Roger Casement
está aporreando la puerta.

John Bull ha ido a la India
y todos han de prestarle atención,
pues allí las historias demuestran
que ninguno de otra raza
ha tenido una herencia similar
o ha mamado leche como él,
y no es afortunada la casa
que no tiene integridad.
El fantasma de Roger Casement
está aporreando la puerta.

Curioseé en una iglesia rural
y hallé la tumba de su familia,
y copié lo que pude leer
en aquella penumbra religiosa;
hallé allí muchos nombres famosos;
pero fama y virtud se corrompen.
Acercaos, queridos amargados:
acercaos y gritad:
El fantasma de Roger Casement
está aporreando la puerta.


Casement en el Putamayo