jueves 30 de abril de 2009
Pandemia y falacia patética
miércoles 29 de abril de 2009
Este poema tiene horas
Nací en este hospital.
En éste no: en aquél.
La fachada es lo único que queda;
detrás, vigas de hierro, y un cielo abierto
que sin más transición habita sus paredes.
Un grupo de albañiles recupera
este viejo hospital para otros usos.
Manos encallecidas, recios músculos,
contrastan con mi piel y la dureza
distinta y clandestina
que en este instante ocupa mi garganta.
Apuntalada imagen
no de los ladrillos: de mis años.
Por esa ventana que da al cielo,
aunque fuera, estoy dentro, y regreso
a una sala muy blanca, ya borrada
de todo menos de mi imaginación.
Un pájaro que sale trae al pico
una rama amarilla.
No tiene nido.
Como yo.
En Melilla
sábado 25 de abril de 2009
Algunas fotos de Islandia
jueves 23 de abril de 2009
en una quête de títulos exóticos.
Los libros son tus únicos narcóticos;
tu única droga, las palabras dichas.
Pero buscas agujas en pajares:
libros en galés, el mundo que te asedia,
los reinos celtas en la Alta Edad Media,
su voz pagana y sus santos lugares.
Te corroe la vista la pantalla,
bajo mística bruma se te nubla.
Entonces, la aparición: como “Kubla
Khan”, que un sueño reveló. Quien busca halla:
cifra de la hermosura, un ISBN,
título, editorial... La luz adviene.
miércoles 22 de abril de 2009
Vacaciones de invierno
Si, como ya tengo dicho, este cuaderno de bitácora se rige, alocadamente, por la hora local de Irkutsk, adonde dirigió sus pasos aquel famoso correo del Zar, he de reconocer que, aunque la fecha con que signo esta entrada sea miércoles 22 de abril, aún es día 21 en España, y a punto estoy de coger la autopista para participar en la presentación de Vacaciones de invierno, la novela de José Manuel Benítez Ariza que hemos editado en Paréntesis.Lo diré de viva voz y con micrófono, pero no está de más dejarlo aquí por escrito: Vacaciones de invierno es una joya literaria, y presentarla en forma de libro, haberse ocupado de su edición, ha sido para mí un privilegio. Además de los enlaces anteriores, aquí un comentario del poeta José Luis Piquero sobre la obra que se presenta esta tarde en la Asociación de la Prensa de Cádiz (c/ Ancha, 6), a las ocho de la tarde.
martes 21 de abril de 2009
Regreso de Cosmopoética
En casa, garabateo estas líneas, algo keatsianas y platónicas:
MIRLO EN SEVILLA
¿Nos ha seguido?
El mirlo en la azotea
es el mismo de Córdoba.
lunes 20 de abril de 2009
Eco de Wells
domingo 19 de abril de 2009
El último maldito: Pepe Cala
Dentro de las actividades programadas por
EL ÚLTIMO MALDITO: PEPE CALA
Juan Manuel de Prada, que tantas páginas memorables ha ido dejando sobre autores “desgarrados y excéntricos”, como él los llama, debería ocuparse de este último especimen contemporáneo de aquella caterva literaria, tan lucida. Así, a las estampas de Pedro Luis de Gálvez o Buscarini, u otros no sólo fijados en su novela Las máscaras del héroe, sino también en las puntuales (ay, hasta que cesaron) entregas en la revista Clarín, luego recogidas en libro, debería sumar la de este extraño vate y peculiar pellejo.
José Cala Fontquernie es el nombre completo del poeta más pertinazmente inédito del parnaso sevillano. Ha de tener una edad que ya supera con creces la cincuentena, pero él, tan frágil y de cristal, con sus ojos vivísimos tras de sus gafas, tan frecuentador de actos literarios en los que se codea con despistados escritores en ciernes, parece más joven sin duda. El rasgo más sobresaliente de su cabeza era la raya que, en medio, peinaba esa planchada cabellera que se iba haciendo rala. Ahora su cabello va cortado al cepillo, y una barba hirsuta le da algún espesor al flaco rostro.
Id a cualquier convocatoria poética y allí estará Pepe Cala, siempre con su máquina de fotografiar con la que inmortaliza las lecturas, las poses y comparecencias públicas de los otros, ya que no las suyas. Dije que los resultados de su trato con la musa permanecen sin publicar, y los organizadores de una u otra velada, jornadas, lecturas, se han acostumbrado tanto a su figura omnipresente que no se detienen a cruzar con él más que las palabras estrictamente necesarias, saludos que saben se repetirán en el próximo acto al que Pepe Cala, sin duda, asistirá también. ¿Ignoran que escribe, o prefieren ignorarlo para que no les recite sus versos?
El álbum fotográfico de Cala debe de contar con centenares —¿millares?— de retratos de poetas célebres y oscuros, de imágenes de todos los salones de Sevilla susceptibles de ser utilizados para una lectura, de momentos que ya los protagonistas han olvidado. Tal archivo documental bien valdría no sólo para una historia de la poesía sevillana en el último cuarto, o más, del siglo XX. También sería de provecho para el más amplio horizonte de la lírica nacional, pues es un hecho objetivo —el de su omnipresente cámara— que no hay bardo o vate, poeta o poetastro, que habiendo bajado al Sur y la capital del Betis no haya sido inmortalizado por Pepe Cala.
Pero esta vasta obra gráfica suya no nos debería hacer olvidar su poesía, de la que se tienen noticias pero no ejemplos. ¿Quién ha leído los versos de este hombre? Muy pocos, sin duda; y quienes lo han hecho no creo que tengan inconveniente en reconocer que los pocos frutos conocidos del poeta son, en caprichosa mezcolanza, buenos y malos. Éstos no deberían hacer sombra a aquéllos, y me atrevo a pronosticar que una antología exigente de los versos de Cala redundaría en un hermoso libro, perfectamente publicable. Lo que al protagonista de esta estampa le pierde no es lo que de más ganga pueda haber en su poesía, sino más bien él mismo, el personaje: un tipo torvo y gris, y como tantos muy dignos poetas, con menos magnetismo personal que una brújula descacharrada.
Cala está poblado de fantasmas y tribus enteras de contradicciones que campan a sus anchas por su menudo cuerpo. Franquista y creyente en el tarot, escurialense y pitonísico, mantiene con Sevilla la misma relación de amor y odio que Cernuda, y su Arcadia es un Jerez de la Frontera que ha encarnado como nadie Francisco Bejarano. Cenceño como pocos, inteligente, afilado, la suya es una estampa digna de la bohemia de principios de siglo. No podría uno ridiculizarlo aunque quisiera. Cierta imagen romántica quiere que un poeta sea más el personaje que su obra. Esto es lo que ha mitificado a muchos. Si un poeta es alguien que no vive en paz consigo mismo, Cala lo es, y de los grandes.
viernes 17 de abril de 2009
Puertas para entrar en Dublín

Una lectora amiga me escribe para decirme que echa de menos, en la lista de artículos de viaje que publiqué aquí hace un par de días, alguno sobre Irlanda. En realidad, lo que hace es alertar sobre mi desmemoria: éste que enlazo aquí lo publiqué también en El Viajero hace poco más de dos años. Donde dice "carteles" en la primera línea, léase pósters: quería yo buscar una triple aliteración, tan céltica, con postales y postigos, pero en El País prefirieron anteponer su libro de estilo al estilo literario.
Puertas para entrar en Dublín
miércoles 15 de abril de 2009
Agencia de viajes

Ahora que quien más y quien menos empieza a pensar en planes para sus vacaciones, dejo aquí un ramillete de colaboraciones en El Viajero de El País, con diferentes propuestas:
Parque Nacional de Yosemite
La Sevilla de Cernuda
Amsterdam
El Luberon, en Provenza
Librerías de París
Islandia
Pubs de Londres
La Roma de Keats y Shelley
Bon voyage!
Fósil
FÓSIL
Sobre esta planta fósil han vencido
el mármol del salón y los estantes,
Newton y su ley, la busca a ciegas
−con dos copas de más− del sortilegio
cifrado en un unos libros que me huían.
Millares o millones de años hoy
la escoba arrastra al cubo de basura.
Pero no todo cae y se destruye:
la tarde en que encontramos su belleza,
el breve instante inmenso en que convergen
épocas olvidadas y la nuestra,
guardará la memoria. No es posible
romper lo que se imprime en nuestra alma.
Como gota de ámbar aún conservo
de las mínimas hojas la verdura.
martes 14 de abril de 2009
Un ramillete de libros

La primavera me ha traído un ramillete de libros (no nacidos por germinación espontánea, sino por duro trabajo) que llegarán en los próximos días y semanas a las librerías. Al volumen de ensayos de crítica literaria Las líneas de otras manos (Servicio de Publicaciones de Melilla/UNED) se unirán sendas traducciones en prosa: Experimento en autobiografía de H. G. Wells (Berenice) y Los viajes de Gulliver (Pre-Textos). Por no olvidar la versión en endecasílabo blanco de Hero y Leandro de Christopher Marlowe que en mayo publicaré en La Palma, al cuidado editorial de Paul Viejo y Javier Vela. El cuadro que ilustra esta entrada es precisamente "Hero y Leandro", de William Turner.
Se me olvidaba: también antes del verano o a principios de otoño Renacimiento publicará Pero sucede, la antología que he preparado de la poesía de Eduardo Jordá.
lunes 13 de abril de 2009
On the Road
Estaremos el fin de semana que viene, días 18 y 19 de abril, en Córdoba, empapándonos de verso en Cosmopoética (de mero oyente). Luego pasaremos por Cádiz el 21 para la presentación de la novela Vacaciones de invierno, de José Manuel Benítez Ariza, que hemos editado en Paréntesis. El 23 por la mañana iremos a Castilblanco de los Arroyos a hablar de Antonio Machado, en un acto organizado por la Diputación de Sevilla con motivo del Día del Libro. Luego, los días 27 y 28 de abril volveremos a Melilla, tras casi cuarenta años de ausencia, para presentar mi libro Las líneas de otras manos, que ha sido editado por el Servicio de Publicaciones de la ciudad autónoma en colaboración con el centro de la UNED en Melilla. Al día siguiente, el baúl de la Piquer se trasladará en otra visita relámpago a Jerez para presentar de nuevo el libro de Benítez Ariza en la Feria del Libro. En fin, que va a ser un mesecito agitado...
domingo 12 de abril de 2009
Billares y versos

El joven Álvaro Mutis se escapaba a jugar a los billares. Y ha contado esto a Javier Rodríguez Marcos en una entrevista publicada en El País: "¿Qué aprende un poeta en unos billares? Pues una especie de ritmo. Hay que golpear la bola de forma que golpee a otra y a otra más. Como las imágenes de la poesía. Uno menciona una cosa, pero al mismo tiempo está mencionando una o dos más. Todo un mundo, pues. Siempre que jugaba al billar me sentía como escribiendo un poema."
Mutis estará en Cosmopoética, en cuya lectura de clausura participará el próximo domingo 19 de abril en el Alcázar de los Reyes Cristianos (Córdoba).
viernes 10 de abril de 2009
El mundo de H. G. Wells

Por fin, y me ha costado sudor que ahora me parece sangre, está a punto de salir mi traducción de Experimento en autobiografía de H. G. Wells, que publica Berenice. Con una obra de más de siete centenares de páginas, con cartas e ilustraciones y un Wells muy vívido en el testimonio de anécdotas pero espeso en la exposición de ideas (él mismo confiesa que su estilo y claridad dejan a veces que desear), es un trabajo que ha sufrido mil vicisitudes: momentos de ansiedad, de difícil compaginación con otras obligaciones, de spleen o melancolía, de "pájara" en el argot ciclista.
Cuando ya creía que había puesto el punto final, resultó que había perdido archivos y varias secciones de capítulos, evaporados en el trasiego de un ordenador de sobremesa al portátil con el concurso de un correveidile (el lápiz de memoria) que ha demostrado ser más traicionero que socorro. Otra vez a recomponer, a traducir, a zurcir los párrafos. Menos mal que David González Romero es un editor de raza y con profesionalidad y delicadeza a partes iguales ha ido capeando el temporal, hasta llegar a buen puerto. Siento que Javier Fernández y Ana Ramos ya no estén en Berenice para disfrutar de esta gran obra.
Experimento en autobiografía (nuestro idioma y yo mismo hubiéramos preferido la preposición "de") enmienda ligeramente el título de una traducción anterior, pésima donde las haya, de alguien que firmó como L. F. Aquella edición vio la luz en la Espasa Calpe argentina en 1943. Si a León Felipe (ay, ese era el nombre del tradittore) se le permitió tal montaña de yerros, confío en que se pueda disculpar algún error menor en el que tal vez yo haya incurrido en mi traslación.
Wells está de actualidad por la reciente novela de Félix Palma El mapa del tiempo, que va a ser editada en los Estados Unidos con un anticipo de derechos de los que aquí no se estilan. Escarmentado de lo sufrido en mis propias carnes y lo hecho sufrir a otros al traducir la autobiografía del autor de La máquina del tiempo, me he comprado con parte de mi minuta un nuevo ordenador de la tentadora marca de la manzana: me quedo tranquilo al ver que, en homenaje a Wells, el cacharro posee una "Time Machine" además de una "Time Capsule" que hace copias de seguridad automáticas.
jueves 9 de abril de 2009
Setenta años de Heaney

El poeta irlandés Seamus Heaney, Premio Nobel de Literatura, cumple el próximo 13 de abril setenta años. Para celebrarlo, en su patria se prepararan diversas celebraciones, y en el doble consulado virtual de Irlanda y la poesía que es este blog nos haremos eco de ellas, no en vano Heaney es hoy uno de los mayores poetas vivos. La Radiotelevisión Irlandesa (RTÉ) ha preparado diferentes programas, que incluyen la emisión de música original dedicada al poeta, así como la edición de un estuche que contiene, grabados por el mismo autor (¡y cómo lee Heaney!), sus once poemarios hasta la fecha (quedan excluidas sus versiones de otros, como su aliterativo Beowulf).
Para unirnos a esa gran fiesta, dejo aquí el enlace a un poema que escribí inspirado por su lectura en Córdoba la pasada primavera.
miércoles 8 de abril de 2009
Cartografía cernudiana

Luis Alberto de Cuenca se ocupó de Luis Cernuda. Años españoles (1902-1938) en una amplia y generosa reseña de Cuadernos Hispanoamericanos que reproduzco aquí, como acicate y estímulo en tanto termino el segundo tomo de la biografía, que habrá de aparecer en Tusquets en el otoño de 2010. Otras reseñas recientes son las de Vicente Araguas en Revista de Libros, Fernando Iwasaki en El Mercurio de Chile y la de Toni Montesinos en Letra Internacional. A todos ellos gracias.
lunes 6 de abril de 2009
La tierra estéril
Escritor, profesor y crítico colombiano, Jaime Tello (1918-1996) dirigió el suplemento literario de El Liberal y la emisora Nuevo Mundo en Bogotá; también colaboró en la BBC de Londres y en el departamento de radio de las Naciones Unidas en Nueva York. Vivió buena parte de su vida en Caracas.
Vertió poetas venezolanos al inglés, y brasileños, norteamericanos y japoneses al español. Además tradujo a Eliot y a Stephen Spender. Su propia obra poética incluye Geometría del espacio (1951), Homenaje a Juan Ramón (1965) y Geometría del espacio y otros poemas (1971).
Al parecer, sus traducciones son muy valoradas en Venezuela y Méjico, y se afirma que Eliot pudo revisar la versión que de él hizo Tello. En España, el lector de Cernuda tal vez lo recuerde porque es el autor de una de las entrevistas que se incluyen en el segundo tomo de la Prosa completa del sevillano. Apareció, “Hablando con Luis Cernuda” el 7 de octubre de 1945 en El Tiempo, pero no fue en absoluto del gusto de Cernuda, que se sintió obligado a replicar al director del periódico bogotano, despachándose con esa “conversación imaginaria”, pues no vio sus respuestas (que dio por escrito) fielmente reproducidas. Curiosamente, sale el nombre de Eliot en la entrevista, aunque no sabemos si la respuesta transcrita por Tello -casi un anagrama de Eliot, error de escaneado mediante-, sería del todo fidedigna. Preguntado por los poetas ingleses del momento, Cernuda parece que contestó: “Creo que Eliot es sin duda el más grande de todos y uno de los grandes poetas del mundo. Especialmente, su última obra, Cuatro Cuartetos (Four Quartets) es de una trascendencia extraordinaria y es en ella donde Eliot se ha logrado mejor desde el punto de vista del lenguaje. ¡Qué lenguaje más rico! ¡Qué exactitud y precisión en el concepto!”
Ahora la editorial Visor publica la edición bilingüe de The Waste Land que Jaime Tello firmó bajo el título La tierra estéril. Disquisiciones sobre la oportunidad del título aparte, el libro de Tello presenta algunas características chocantes. En primer lugar como es norma en inglés (y uso de Cernuda), los versos de la traducción comienzan todos con mayúscula. Por contra, como si ese derroche de tinta hubiera de ser compensado, no hay signos de admiración al comienzo de frase, postergándolos, como en inglés, a su final. Luego están las notas. Eliot no tenía previsto incluirlas inicialmente, pero fue tal la poda a la que Ezra Pound sometió al poema que sin ellas el volumen sería extraordinariamente delgado; son por eso, además de nota aclaratoria sobre nota, nata para espesar el guiso. Aquí, las de Eliot se barajan con las de Tello (como haciendo buena la wicked pack of cards del verso 46), sin una jerarquía que hubiera sido necesaria. Está además el estilo, con formas verbales arcaizantes que como “nubláronse” dejan cierta sensación de estupor en un lector del siglo XXI (¿anagrama a su vez del XIX?).
Sin embargo, hay elementos valiosos: la introducción es ilustrativa, muchas de las notas también, y no pocas de las traducciones que se dan de poemas que se citan en ellas son notables, como en los casos de Shakespeare o Pope. En cuanto a la traducción del propio Eliot, no es la mejor, al menos para lectores a este lado del Atlántico.
domingo 5 de abril de 2009
Cernuda y Keats (I)
Comienzo aquí la publicación serializada de un ensayo que apareció, entre varios más, en Con otro acento. Divagaciones sobre el Cernuda Inglés, libro con el que gané el Premio Archivo Hispalense que convoca, y publica, la Diputación de Sevilla. Uno no ha ganado muchos premios, pero suelo contar que aquel día obtuve con cuarenta y cinco minutos de diferencia este que digo y el Premio Andaluz a la Traducción Literaria en su primera convocatoria, que más recientemente ha pasado a llevar el nombre de Rafael Cansinos Assens. Un día con suerte, pues sólo al azar puedo atribuir el error por partida doble.
Como Con otro acento no ha circulado mucho, por no haber sido publicado en editorial comercial, y aun recomendando su lectura en papel, dejo aquí la primera parte de "Cernuda y Keats":
CERNUDA Y KEATS
Aunque Keats era muy joven cuando murió, y en parte estuviese todavía bajo los encantos de la cámara del pensamiento virginal, su conocimiento de la vida alcanzaba más allá de ella, bastante más allá de lo que cualquier otro poeta excepcional haya podido alcanzar a la misma edad.
(Luis Cernuda, Pensamiento poético en la lírica inglesa).
En un poema de Testamento del náufrago, Juan Luis Panero repasa sus memorias de Luis Cernuda en diferentes ciudades —Madrid, Sevilla, Londres, Nueva York, Méjico—, y en Roma —de todos ellos, el único lugar donde Cernuda no estuvo—, vuelve a acordarse significativamente del autor de La realidad y el deseo (“en la casa en que muriera Keats, / bajo la luz transparente de principios de otoño, / he vuelto a sentir, casi un temblor, tu presencia”). ¿Por qué precisamente Keats despierta la evocación de Cernuda? ¿Qué resorte liga, inconscientemente o no, en el pensamiento de Juan Luis Panero a dos poetas de países y siglos distintos? ¿Qué une, en suma, a John Keats y Luis Cernuda, más allá de la anécdota del viajero en Roma que, siendo un niño, conoció y trató al poeta sevillano cuando éste vivía en la Gran Bretaña?
* * * * *
Sabido es el interés por la poesía inglesa que guió a Cernuda desde ese momento decisivo de su vida, el destierro, hasta su muerte en Méjico en 1963. No poco se ha escrito sobre su lectura o lección de Eliot, por ejemplo, o de su devoción por Shakespeare. También los grandes románticos ingleses —tras el ahondamiento en la propia tradición hispánica, en la francesa, en la alemana de Hölderlin— le aportarán un caudal poético de primera magnitud. Efectivamente, Browning, Wordsworth, Keats, abrieron a Cernuda una ventana que no daba sino sobre sí mismo, descubriéndole al tiempo que una serie de recursos o artes relativas al oficio sobre todo la confirmación de su propio ser poético, de su vocación, de su sola posibilidad en la poesía.
Con fundamento, Philip Silver nos habla de Cernuda como el único, solitario poeta romántico español, bien que a deshora. Pero ya antes, Dámaso Alonso y Pedro Salinas habían señalado ese romanticismo peculiar de la obra cernudiana, llegando a decir Salinas, en 1936, que el título mismo de La realidad y el deseo “corresponde a la entraña del alma del hombre, tal y como se la plantearon los románticos”. También Juan Ramón Jiménez hablaría de ese romanticismo incipiente, de raíz alemana e inglesa, en palabras que más tarde le parecerían a Cernuda un ataque soterrado a su persona. Y en fecha muy posterior, estudiosos como Rafael Argullol y Gabriel Insausti han abundado en la idea: el primero, en sus textos “Cernuda romántico” (incluido en Territorio del nómada) y “Héroes románticos: el enamorado” (de El héroe y el único), donde habla de la pasión como “el gran acto en el que la imaginación romántica se trasforma en pathos”, haciéndose eco de que Cernuda la llama “un instante desmesurado”, y Keats “un momento de vida”; el segundo, en su libro La presencia del romanticismo inglés en el pensamiento poético de Luis Cernuda, que no es, ya desde su mismo título, sino el reverso temático de un libro capital del propio Cernuda, Pensamiento poético en la lírica inglesa del siglo XIX. Y aunque Insausti refleja parte de la presencia de Keats en el autor de Las nubes lo hace de una manera general y en un contexto compartido con otros poetas como Shelley, Coleridge o Wordsworth.
Cernuda nos cuenta un episodio en el que, un día, a caballo, cumpliendo el servicio militar en su ciudad natal, tuvo —de manera semejante a San Pablo— la revelación de la poesía. Creamos su testimonio epifánico. Y digamos aún más, que ya a caballo de la poesía, el sevillano, como el de Tarso, volvió a caer en Inglaterra —puede que sin saberlo hasta más tarde— para hacerse el gran poeta que hoy es admirado. Porque no es el autor de Primeras poesías o de Égloga, elegía, oda, ni siquiera el de Los placeres prohibidos o Donde habite el olvido, el que raya a la altura de los poetas verdaderamente grandes. Y esto no es simplemente por razones de juventud o inmadurez. A Cernuda le estaba destinado otro dominio en el que sólo se adentraría, sin retorno, con el exilio: ser el poeta hondo, moral, rebelde, que en España —cosa insólita— ha sido sucesivamente faro de tres generaciones de jóvenes poetas, desde la llamada generación del cincuenta para acá; un gran poeta europeo en nuestra propia lengua.
I
CAMINO AL ROMANTICISMO
Luis Cernuda, atraído ya por la poesía pero aún no autor publicado él mismo, tuvo la privilegiada ocasión de ser alumno de Pedro Salinas, catedrático de literatura en Sevilla. Era 1920, y Salinas, que acababa de regresar de La Sorbona, introdujo a Cernuda en la poesía francesa: Valéry, Mallarmé, Lautréamont... También le prestó varias obras de Gide, que le sirvieron para reconciliarse con su homosexualidad. Éste era el primer contacto de Cernuda con una tradición poética foránea, y no sería el último; también la primera influencia exterior, perceptible en el que fuera su primer libro, Perfil del aire, hoy convertido en Primeras poesías.
Más tarde, Cernuda pasará por el surrealismo, o superrealismo, como él prefiere llamarlo. Vendrán lecturas de Aragon, Breton, Eluard, Claudel..., y la cristalización de estas obras ajenas en la suya propia, que alcanza su momento más deslumbrante con Un río, un amor y Los placeres prohibidos, libros a los que sucederán en un proceso gradual hacia un cierto romanticismo Donde habite el olvido e Invocaciones. Efectivamente, Cernuda —al día de las novedades editoriales francesas en la librería de Sánchez Cuesta y posteriormente en Toulouse, durante su lectorado— conoce el surrealismo, que, como ya han señalado tantos, no es sino una forma del romanticismo llevado hasta sus últimas consecuencias, su final lógico, si es ésta palabra que se pueda emplear referida a surrealismo. Poco sospecha entonces el poeta que, tomando ese furgón de cola, llegará, pasando de un vagón a otro, al descubrimiento del que es su motor a partir de esa fecha emblemática de 1936; un tren que por su valiosísima carga no importa que llegue tarde, muy tarde a la estación.
Los libros surrealistas ceden finalmente el testigo a Donde habite el olvido, un homenaje a Bécquer, un librito neorromántico que presagia nuevas miras, ya plenas, maduras, en Invocaciones. En Historial de un libro se lee:
Ya no tenía necesidad del superrealismo y comenzaba a ver, por otra parte, la trivialidad, el artificio en que degeneraba al convertirse en fórmula poética. La lectura de Bécquer o, mejor, la relectura del mismo [...] me orientó hacia una nueva visión y expresión poéticas, aunque todavía apareciesen en ellas, aquí o allá, algunos relámpagos o vislumbres de la manera superrealista.
Cernuda aún distaba de alcanzar la fuente originaria del romanticismo, pero ya había reparado en la obra de su paisano, el poeta “romántico” español por antonomasia. En realidad, ya lo había leído en fecha tan temprana como 1911, en la casa familiar, pero ahora es cuando busca su sombra y, trascendiéndola, enseguida pasa a la órbita de Hölderlin, a quien traduce en 1935 con la ayuda de Hans Gebser. No es nada nuevo decir que la huella del genial poeta alemán es palpable en “Himno a la tristeza” y en “A las estatuas de los héroes”, los dos poemas que cierran Invocaciones. Con él también coincide en el amor por lo helénico, que permeará hasta el final su visión del mundo.
Cernuda ya está preparado para su encuentro con los otros grandes románticos europeos: Leopardi, en 1936, durante los difíciles días del Madrid bélico, y, por fin, en Gran Bretaña, Wordsworth, Coleridge, Keats...
sábado 4 de abril de 2009
Dos alas para Leda
Jordi Doce publica en su blog una traducción, muy buena por suya, del célebre soneto de W. B. Yeats "Leda y el cisne". Esto tienen los blogs: se la alabo y muestra curiosidad por la mía. A su ala sumo ésta, complementaria del vuelo del ave. Ahí va, ¡hala!:
LEDA Y EL CISNE
Un golpe repentino: las grandes alas baten
en la atónita joven, acarician sus muslos
las oscuras membranas, prende el pico su nuca,
su desvalido pecho pone el cisne en el suyo.
¿Cómo pueden sus dedos, leves, horrorizados,
apartar de sus muslos esa gloria emplumada?
¿Y qué puede su cuerpo, en esa blanca embestida,
sino oír el latido del corazón extraño?
Un temblor en el lomo allí entonces engendra
murallas destruidas, fuego en tejado y torre
y a Agamenón muerto.
Estando así cautiva,
a merced de la sangre aérea de la bestia,
¿recibió su poder y su sabiduría
antes que la soltara el insensible pico?
W. B. Yeats, trad. de A. R. T.
(Maldito blogger, o bloody blogger: no consigo el sangrado ante "Estando así cautiva", lógicamente segundo hemistiquio pero presentado en línea aparte de "y a Agamenón muerto")
José María Merino en Sevilla

Nos anuncia Fernando Iwasaki que el próximo 14 de abril José María Merino presentará en Sevilla su libro La sima (Seix-Barral) en el Aula de Cultura de ABC. Será a las 20 h. en el Hotel Alfonso XIII. Sólo he podido encontrar la cubierta del libro en blanco y negro, lo que, bien mirado, no desentona con su ilustración.
viernes 3 de abril de 2009
En una estación de metro

Se inaugura hoy el metro de Sevilla, y traigo aquí un poema muy conocido de la etapa imaginista de Ezra Pound, "In a station of the metro", que cabría, impreso o garabateado, en un billete del mismo:
La aparición de estos rostros en la masa,
pétalos sobre el negro de una rama mojada.
Puede leerse, con muchos del autor, en mi Antología poética de Ezra Pound (Universidad de Sevilla, 1991)
jueves 2 de abril de 2009
Entreluces
Uno de los mejores prosistas españoles vivos, Aquilino Duque es también poeta, bien que lento, es decir, exigente consigo mismo. Hacía por ello una década que no publicaba libro en este género, el lírico, desde aquella Poesía incompleta en la que adelantaba parte (veintidós poemas) de este poemario, del que ya anunciaba entonces el título. Entreluces se suma, pues, a la trayectoria formada por títulos como La calle de la Luna (1958), El campo de la Verdad (1958), De palabra en palabra (1968), El invisible anillo (1971), Aire de Roma andaluza (1979), El engaño del zorzal (1986) y Las nieves del tiempo (1993). Hay mucho viaje y memento en estos versos del poeta sevillano. “Ya he escrito cuanto había de escribir / y vivido de sobra cuanto había de vivir”, escribe Duque en uno de los poemas que avanzaba en 1999, pero -a la vista está- el censo de poemas se ha ido incrementando, y la calidad, tan alta, no ha desfallecido.
