jueves, 31 de julio de 2008

El banquero anarquista





A estas alturas, no voy a descubrir las excelencias de Fernando Pessoa, pero siempre es gratificante ver cómo se editan y reeditan una y otra vez sus obras. He aquí una nueva edición de una joyita, editada por la sevillana Mono Azul. Muy recomendable.

miércoles, 30 de julio de 2008

En Canal Sur Radio



Como los dos últimos veranos, estoy colaborando con el programa de Chema Suárez en Canal Sur Radio. En esta ocasión, intervengo en "El Público de verano", concretamente los miércoles a partir de las 17,30 h. Entre otros contenidos, en las próximas semanas abordaré las revistas literarias hechas en Andalucía, centrándome en El Maquinista de la Generación, Campo de Agramante, Sibila y El mirador de los vientos (día 13 de agosto); y de los blogs literarios me ocuparé el día 20, lo que me permitirá tratar brevemente de Señales de humo, el recomendable tomo de diarios que ha publicado José Manuel Benítez Ariza en la Diputación de Cádiz.

lunes, 28 de julio de 2008

Lo prometido

Como lo prometido es duda (hasta que se cumple), publico aquí el comentario a la respuesta que Guillermo Carnero hizo a mi crítica de Verano inglés. Repito que respeto y aprecio su poesía, y que lo que me mueve no es afán polemista alguno, sino reflexionar y extraer lecciones que puedan servirme en el taller de creación poética.

1. Respecto a los pareados de “How Many Moles?”, no me duelen prendas en reconocer que leídos varios años después me gustan más que al publicar la reseña. Dicho queda. Ahora bien, podía haberse ahorrado Carnero recordar los precedentes de Valle Inclán o Manuel Machado, pues sin ir más lejos el sevillano es poeta que tengo bien leído, y en su estela han escrito excelentes poemas en pareados paisanos suyos –míos- como Fernando Ortiz o Javier Salvago. Justamente, el poema que aduce Carnero para ilustrar la utilización de la isometría en Manuel Machado, “Prólogo-Epílogo”, es también una memorable muestra de poema en pareados.

2. En lo tocante a la isometría, sé bien que éste no es un principio universal o absoluto. Siempre lo tengo presente por mis estudios y traducciones de la antigua poesía anglosajona o de la irlandesa, y a ello dediqué un ensayo que más adelante reproduciré en este blog. En ningún momento de mi reseña censuraba la mezcla de versos de diferente longitud. Es cierto que en tiradas de alejandrinos, Darío y Manuel Machado intercalan versos de trece sílabas que se descomponen en hemistiquios de cinco y ocho, y que Jaime Gil de Biedma tiene poemas como los que Carnero menciona bastante irregulares. Hay asimismo en Verano inglés buenas muestras de composiciones en las que se alternan libremente versos de diferente medida. Nada que objetar. Pero me llamaban la atención dos casos concretos de dodecasílabos intrusos, que dice él que son deliberados. Lo cual no se sostiene, o no consigue el resultado apetecido, porque “Campos de Francia” cuenta con 17 versos, todos endecasílabos (la mayor parte) o alejandrinos, y el quinto verso, que no es ni una cosa ni otra (“que llaman felicidad los diccionarios”) rompe, repito, el ritmo. Más chocante –pero disculpable, porque es descuido de un gran poeta- es el poema “Lección de música”, donde son 30 los versos, todos endecasílabos menos el decimoctavo (un eneasílabo partido en dos líneas, “de ceder y volcarse. / Vuélcala”) y el séptimo “piérdela, duda, persíguela jugando”). No hay que tener un oído muy aguzado para reconocer que el eneasílabo, como el heptasílabo y el pentasílabo, es verso que casa bien con el endecasílabo. No así el dodecasílabo, que impone un ritmo bien distinto. Carnero en su airada respuesta dice que empleó este otro verso, entre los endecasílabos, para dar “espontaneidad, naturalidad y un deje conversacional” al poema. Pero me temo que esto no se sostiene, porque el poeta adorna precisamente la última palabra del poema con una diéresis (“Dïana”), que será todo lo que se quiera menos algo espontáneo o natural. Por esta senda de “naturalidad” y conversacionalidad, Carnero podría dar una vuelta de tuerca y escribir como Garcilaso “el dulce murmurar deste rüido”. Cosa de la que no está muy lejos, o más bien nada, pues en un verso emplea un muy conversacional, natural y espontáneo “aqueste”.

3. Lo cual nos lleva al asunto de la diéresis. Claro que en nuestra tradición literaria se ha empleado. Por Rubén Darío, por ejemplo, como bien señala Carnero: “No oís del arroyo el süave y callado rumor?”, donde se usa la diéresis gráfica, los dos puntitos para entendernos. Pero las citas que exhibe de Alberti o Salinas, poetas más recientes, son un punto -o dos, ya digo- engañosas, pues Carnero, para defender su posición, marca la crema o diéresis, algo que no estaba en los originales. A mí, que no tengo gusto, según Carnero, me resulta arcaizante o artificioso el empleo de la diéresis a punto de entrar en el siglo XXI (Verano inglés es de 1999).

domingo, 27 de julio de 2008

80 años del Romancero gitano




Se cumplen ochenta años de la publicación del Romanero gitano, uno de los títulos emblemáticos y más influyentes de Federico García Lorca. Con este motivo, el diario Granada hoy ha publicado un suplemento especial, para el que se me ha pedido una colaboración acerca del poema "San Gabriel", ambientado en Sevilla. Este es el texto que he escrito para la ocasión:


Pasa el tiempo, y lo que ayer era cercano se torna remoto y, por ende, exótico. Así, lo gitano y flamenco, que tanta presencia tuvo en el imaginario colectivo español de la primera mitad del siglo pasado; el octosílabo en consonancia, que es metro que ha caído en desuso en nuestra literatura (precisamente por el exceso hasta la saciedad de imitadores de Lorca y de gitanerías varias); y, por último, el referente religioso, que alude a realidades conocidas y asumidas hace ochenta años, pero que hoy –nadie conoce ya historia sagrada ni mitología- resulta, casi, casi, tan ajeno como alguna creencia de la Polinesia relatada por Frazer en La Rama Dorada. Por no hablar de la Sevilla irreconocible, cuyos cielos que perdimos guardan dalias, siemprevivas y jazmines y donde estos días se consuma la destrucción del Laredo (sí, ese café en el edificio del que fue arquitecto Yanguas Santafé, el cuñado de Cernuda). Y sin embargo, “San Gabriel” nos arrebata como un cuento
–católico romano y romaní- de Las mil y una noches con la energía avasalladora de Federico García Lorca, esa ametralladora de metáforas.




sábado, 26 de julio de 2008

Cuarentena (27)

27

Una jauría corre tras un corzo, varios hombres armados van tras la jauría, y la muerte persigue a todos por igual. El corzo caerá por un barranco, y antes de que se dé cuenta se estrellará contra las piedras de un cauce seco. Los perros morirán de hambre y sed en el desierto al que llegarán extraviados esa noche. Los cazadores expirarán unas semanas después, víctimas de unas fiebres contraídas al beber el agua que les indicó un ermitaño.
El agua bendita no es el agua del río. Los cazadores son cinco; y la muerte, una. El más viejo de los perros se llama Sangre.

jueves, 24 de julio de 2008

El sol de los muertos



En fecha reciente he empezado a dirigir la revista El libro andaluz, de la Asociación de Editores de Andalucía. Iré recogiendo aquí algunas de la reseñas breves que, sin firmar, he publicado en el número 55, ya disponible gratuitamente en las librerías andaluzas..


El sol de los muertos
Ivan Shmeliov
El Olivo Azul, 272 págs., 21 €

Escrita en París en 1923 por un ruso exiliado, Thomas Mann dijo de esta obra que es “un libro terrible y resplandeciente de poesía”. Y respaldó con los hechos su alabanza, pidiendo unos años después el Premio Nobel de Literatura para su autor. La acción se desarrolla en la península de Crimea y narra las terribles consecuencias de la Revolución de Octubre y la posterior guerra civil entre blancos y rojos, con su baño de sangre que se llevó por delante al hijo del propio Shmeliov, tras ser engañado con la promesa de una amnistía. Este libro está hecho de pesimismo, justificado, pero mediante una gran prosa, llena de calidades literarias. Un ejemplo más de la gran novelística rusa, que no se agotó en el siglo XIX. Una magnífica muestra de esta colección de narrativa, que ya se hace oír, antes de cumplir un año, desde Andalucía para toda España.

miércoles, 23 de julio de 2008

Cuarentena (26)

26

Trato de recordar. Al principio no sabía si el protagonista era niño o niña, me hallaba aún en el reino de la indeterminación, donde el alma es una, no importa en qué cuerpo. Pero después, repasando detalles, comprendí que era una niña a quien acontecía la historia. Que más o menos es ésta: la hija del señor de un castillo, seguramente princesa, se internaba en un bosque de lilas que crecía junto a su hogar. El bosque estaba cerrado por una verja que lo rodeaba, aunque era tan grande el bosque que se perdían sus límites. No sabría decir si la niña escapaba de la conspiración de alguien que bien podría ser su madrastra. El caso es que, una vez ya en el bosque, se halló perdida: conforme avanzaba, absorta en la exuberante flora que la rodeaba, estaba más y más en el interior del bosque de lilas. ¿O eran violetas? No lo sé, la niebla de la edad confunde todo.
Cuando se dio cuenta de su situación, quiso dejar el bosque, pero no pudo; éste la rodeaba por todas partes y no se adivinaba salida alguna. La niña se durmió en la misteriosa fronda.
Tengo que seguir contando, para que el hechizo no se rompa, sin repasar lo escrito. Como ella me voy adentrando en otra selva, la de la memoria, muy frágil, y quiero llegar hasta el final o la salida. Al despertar de su sueño, lo hizo en un noble palacio. Pero estaba deshabitado el lugar a no ser por una cierva y su hijo, un gato. Aquí se me hace todo una nebulosa; no sé lo que pasó después, pero percibo tragedia y dolor, y un encantamiento de belleza extraña.
Quisiera recuperar aquel cuento de la niña en el bosque de lilas. De la niña en el palacio de la cierva y el gato. No recuerdo ya el desenlace. No recuerdo su fin, y quizá por eso mismo jamás lo recordaré mientras viva. Quiero decir que viviré mientras no lo recuerde.

martes, 22 de julio de 2008

Cernuda en México

En los últimos días han aparecido varias entrevistas que me han hecho periódicos mexicanos con motivo de la distribución en aquel país del primer tomo de mi biografía de Cernuda. Ha roto el fuego La jornada.

lunes, 21 de julio de 2008

El maquinista de la Generación





Acaba de salir de imprenta el decimoquinto número de la revista El maquinista de la Generación, que dirigida por Julio Neira publica el Centro Cultural de la Generación del 27, en Málaga. Se incluye un artículo mío, "París no era una fiesta", sobre Cernuda en el verano de 1938. Málaga hoy, Sur y Terra se hacen eco de la noticia.
En próximas fechas irán saliendo en otras revistas diversos adelantos del segundo tomo de la biografía en marcha.

domingo, 20 de julio de 2008

Cuarentena (25)

25

Estás en una playa, con los pies descalzos, abrasados porque no puedes acercarte a la orilla. Una cadena oxidada te lo impide, y el sol te va agrietando la piel. La vela que recorre el horizonte no parece estar al tanto de tu penuria, y de derecha a izquierda se aleja hasta desaparecer. La muchacha que está a tu lado te mira suplicante, te ruega con la mirada que halles una forma de que escapéis los dos, pero tú sabes que no hay esperanza, que mejor sería morir cuanto antes. Ni siquiera llegará la marea a los pies quemados. El pecho de ella es blanco como la arena. Está libre, pero permanece junto a ti. Con una concha te trae un poco de agua para aliviarte. Pero es inútil. Ahora arden las rodillas. Luego tu frente cae sobre la arena.

sábado, 19 de julio de 2008

17 de julio


Hace tres días redactaba yo estas líneas en el cuadernillo de notas de un hotel:


Hoy es 17 de julio. Hace setenta y dos años comenzaba la Guerra Civil, precisamente en mi ciudad natal -Melilla-, y la efemérides me sorprende leyendo España sufre. Diarios de guera en el Madrid republicano, de Carlos Morla Lynch. No puede ser mayor el contraste: en la piscina del hotel, con el fondo de un casi imperceptible hilo de música de Alonso Mudarra, entre huéspedes extranjeros me enfrento ahora, una vez más, a la realidad terrible de mi país y mis compatriotas, hace ya décadas.
Me remojo en la piscina, y dejo que los oídos se hipnoticen –si es posible esto- con un caño que hace el contrapunto a la vihuela, mientras van pasando en apretada tipografía los horrores de las sacas y los paseos, los bombardeos sobre Madrid, las penurias y las miserias –morales y de las otras-, al tiempo que la frivolidad de alguno de los asilados en la legación de Chile, entre los que no faltan condes ni marquesas. Las granadas y explosiones se me antojan imposibles ante la paz del patio y la profusión de hierbaluisa y jazmines azules. Pero todo aquello sucedió.
El autor del libro está a favor del Frente Popular, pero no menos de la civilización, y ve que la anarquía se extiende por doquier y lo amenaza todo. Está con el pueblo español, más allá de “blancos” y de “rojos”. Estallan los cristales en la página. El agua de la piscina también se quiebra con el chapuzón de una adolescente. Será de Virginia o Massachusetts. Su Guerra Civil también acabó hace años.

viernes, 18 de julio de 2008

Cuarentena (24)

24

Todos los vecinos del pueblo han acudido al pozo para ver el milagro anual. El gentío se agolpa en el prado, y un calor sofocante hace que los más se quiten los sombreros para darse un soplo de aire.
Una bandada de alcatraces viene apiñada desde el norte, y al pasar donde todos se hallan reunidos, el guión desciende, imitándole sus seguidores. Pronto, el pozo, las cabezas y los hombros de los vecinos se pueblan de alcatraces que graznan sin interrupción.
A esto, del pozo mana un chorro impetuoso de agua calcárea que restaura el plumaje de las aves y blanquea la piel cetrina de los del pueblo. En eso consiste el milagro. Ya por la noche, los alcatraces estarán muy lejos, y los vecinos, con la mirada puesta en el año siguiente, fornicarán con desusadas fuerzas para crear nuevas cabezas en las que puedan posarse los pájaros.

jueves, 17 de julio de 2008

Arqueología poética

Un poema que escribí hace ya veinticinco veranos. Veo que ya entonces me atraía la metaliteratura:







ANTES el pájaro estaba
en la rama y sin canción.

Nubarrones de tristeza
secuestraban el azul.

La fuente no derramaba,
estrofa de agua, su voz.

Tú te fijaste en las cosas,
entonces todo cambió.

Las alas del pájaro iban
coreando su volar.

El cielo, un plácido océano;
y tú, nadando en su luz.

Y el agua alzaba unos versos,
este poema de amor.

miércoles, 16 de julio de 2008

Cuarentena (23)

23

En el sombrío portal entran velozmente dos fugitivos. Tras ellos viene una multitud airada que vociferando rompe el silencio y la puerta —a hachazos— que acaba de cerrarse.
La sed de sangre es mucha, y muchas las gargantas que gritan muerte. Con temor por sus vidas, los fugitivos suben como pueden las escaleras, y en el primer rellano penetran en un piso que se les abre. Los moradores son un niño y una niña: de unos siete años entre los dos. Hay un extraordinario parecido entre el fugitivo más alto y la niña. El otro se parece a un retrato que domina la sala.
Un cristal salta hecho añicos por una piedra lanzada desde la calle. Inmediatamente se quiebran otras lunas, y una antorcha cae en la habitación, prendiendo en la alfombra. Entra la turba, pero por más que registran la casa sólo encuentran a una anciana con graves quemaduras y un lienzo que arde irreconocible.

martes, 15 de julio de 2008

Cuarentena (22)

22

No deja de llover. Fuera, los carruajes avanzan espectrales. El eco de los cascos confunde distintos trayectos, caminos que seguramente desembocarán en ese otro camino que a su vez lleva a la plaza concurrida de la muerte.
Un caballo relincha, y una campana dobla. Y la lluvia prosigue su desfile interminable y sin duda fastidioso para los que están a la intemperie. Vuelvo a encender mi pipa, y la muchacha desnuda que aguarda entre las sábanas me reprocha con su silencio mi demora. Pero no tengo gusto para nada. No hallo razones para cumplir lo pactado.
Lo que ella pidió —y a lo que yo, cegado, accedí— está más allá de lo que se permite a los humanos. Mas bien debiera ir, con sus pies descalzos, con sus hombros desnudos, bajo ese campanario locuazmente estúpido. ¿A qué anunciar la marcha de uno u otro?
Los ojos que me miran en la penumbra de la alcoba son de una imploración abominable.

lunes, 14 de julio de 2008

Una nota sobre el idioma





AMÉRICA

Una vez hace, ya varios lustros, cuando un periódico realizaba una encuesta entre los escritores españoles con objeto de hacer una lista con las veinte palabras más hermosas de nuestra lengua, Ernesto Giménez Caballero, tan genial a veces como extravagante, respondió no con voces como azahar, madre, libélula, patrocinadas por otros de los participantes, sino con los nombres de las naciones hispanoamericanas, nuestras hermanas en la lengua. Y en verdad que es bella y evocadora la nómina: Nicaragua, Cuba, Guatemala, Uruguay...
El idioma español es un tesoro, en su doble sentido de acopio de riquezas y como “nombre dado por sus autores a ciertos diccionarios, catálogos o antologías”, cual establece en su cuarta acepción el Diccionario de la Real Academia Española. Un libro vivo, acrecentado de continuo por sus hablantes. Un tesoro que es cada día más universal y trasciende las fronteras de los países que declaraba Giménez Caballero en esa aduana de vocablos de lujo.

domingo, 13 de julio de 2008

Un poema



OTRA DEFINICIÓN DE LA POESÍA

Eso es la poesía: llamar copas
a unos recipientes sin encanto,

vasos esbeltos donde la hiel y el hielo
no suplen la carencia de la magia.

Esto es la poesía: borrachera,
sabor y sensación de vida, euforia,

o sed de espantapájaros de un yermo
que no visitan aves ni el verano.

sábado, 12 de julio de 2008

Cuarentena (21)

21

La anciana ve desde la puerta de su hogar a un puñado de grajos que están devorando su sembrado. El tosco espantapájaros no ha impedido el expolio, y ella, enfurecida, sale a la carrera a alejarlos. Pero los pájaros no se dejan amedrentar tan fácilmente y siguen revoloteando por las cercanías a la espera de un momento propicio. Por su parte la vieja, servida de un palo, tampoco está dispuesta a que le roben lo suyo, y permanece allí vigilante y celosa de su propiedad.
Uno de los grajos, que ya no tiene paciencia, se lanza otra vez sobre las hortalizas, y tras él otro, y luego otro más. La anciana se revuelve rabiosa, pero un ave le da un primer picotazo al que seguirán más. En ese instante hace aparición el nieto de la mujeruca, un niño de corta edad, que trae una brecha abierta en la cabeza, y llora y llora. Parece asustar su llanto a los grajos. El cielo se cubre de insultos mientras se alejan.
La abuela toma al niño de la mano, le abre aún más la herida a estacazos y lo empala para servirse de él como espantapájaros. El niño, agonizando, llora porque no quiere ese oficio. A él lo que de verdad le gustaría es ser un grajo.

viernes, 11 de julio de 2008

Hasta mañana



Gusta al observador de la poesía joven comprobar cómo lo que era promesa se convierte en realidad madura, ese fruto del talento con el que se alían el esfuerzo y la voluntad de dejarse hacer por la obra. Esto se demuestra en Hasta mañana (Pre-Textos, 2008), del poeta sevillano afincado en Lérida Juan Manuel Romero, quien ya antes había publicado Invitaciones sospechosas (2001), Casa quemada (2004), y Las invasiones (2006).

Dividido en tres partes, este nuevo poemario encierra grandes poemas ("Faro", "Biopsia", "Cálculo"...), pero destaca sobre todo en la armonía del conjunto, en el que el lirismo es contenido (como en su obra anterior) y con una calidad de verso altísima. Aquí la observación de lo exterior tiene su correlato en el interior del poeta, y la presencia del tiempo es constante en los versos, así como la de lo no sido, lo que podría ser: "Hoy tiras con cuidado de ti mismo / pero algo se obstruye en la polea. / ¿A dónde irá / el agua que no sacas?" ("Pozo")

Hasta mañana ha obtenido el IX Premio de Poesía "Emilio Prados", concedido por el Centro Cultural de la Generación del 27 y un jurado presidido por Francisco Brines. Con este poema se abre la tercera sección:

dentro


Como quien mira un pájaro

en un hangar vacío,

así te miro ahora.


Cuesta aprender que la felicidad

nos protege del frío de la noche

pero a la vez aísla.


Me aíslo cada vez que pienso en ti.


Te miro

y hago de ti mi límite desnudo.

jueves, 10 de julio de 2008

Cuarentena (20)

20

Acompaño a los demás hombres hasta la boca de la mina, les digo que he olvidado una mecha y que tengo que regresar urgentemente a casa. Allí les dejo, perdiéndose en la sombra descendente, luces que se alejan hacia lo hondo de la tierra. En el camino a casa me adentro en una arboleda, umbría también, pero ella deja pasar los rayos de sol, y allí el día y la noche son diferentes.
En la blanca corteza de un robusto álamo grabo los nombres de quienes han comenzado su jornada, apoyo mi frente sobre el tronco y susurro las palabras que he juntado para la ocasión. Entonces vuelvo sobre mis pasos, salgo del terreno desbrozado junto a la mina, y a la entrada de ésta enciendo una hoguera. Una hoguera que luego apagará el alud que provoco y sella la mina. Es enorme el ruido, y la polvareda —aun en el alto donde estoy— me hace toser y llorar.
En el abrevadero me lavo las manos y los ojos.

miércoles, 9 de julio de 2008

Cuarentena (19)

19

Después de firmar la carta y cerrar el sobre, echa mano de otra cuartilla y pergeña apresuradamente unas líneas. Por la ventana abierta entra una golondrina, que tras buscar sin provecho una vía de escape, se posa sobre un sillón. Él se acerca para cogerla, pero el pájaro alza el vuelo y da con una corriente de aire que lo lleva otra vez al cálido exterior de septiembre.
Él marcha a su alcoba, se desviste y se mete entre las sábanas. Tiene sueño. Apenas es mediodía y ya tiene sueño. Al atardecer le asalta una pesadilla: va tan tranquilo por la calle cuando sin darse cuenta se introduce en un nido. Allí, una golondrina enorme se le acerca, y al darle un aletazo, él logra saltar y volver de nuevo a la calle. Entonces despierta, se arregla, y vuelve a su despacho.
En ese momento se repite la escena de la golondrina extraviada, sólo que ahora se trata de un murciélago de los que frecuentan la calle. A la madrugada vuelve al lecho y se repite de alguna forma su sueño de antes. Pero ya no despierta.

martes, 8 de julio de 2008

Una reseña para los estudios de métrica


Esta reseña de Verano Inglés (1999) de Guillermo Carnero se publicó en la revista Clarín. Y al autor del poemario no le debió de gustar nada, porque poco después publicaba un artículo atacando los juicios del reseñista y a éste mismo, es decir a mí (sin nombrarme salvo en juego de palabras con mi segundo apellido, cosa que ya se sabe que es un ardid bien feo). Carnero es un excelente poeta y no deseo polemizar con él. Catedrático de Literatura Española, es seguro que tiene más sólidos conocimientos que uno sobre muchas materias. Y sin embargo, su airada respuesta plantea interesantes cuestiones sobre métrica y versificación. Aquí mi texto. En los próximos días, un respetuoso análisis de los argumentos de Carnero, recientemente reeditados en el libro Poéticas y entrevistas (1970-2007), publicado por el Centro Cultural de la Generación del 27.


MIENTRAS VA HACIENDO FRÍO

Thomas Moore, un fino poeta del romanticismo irlandés (pobre tautología esta, pues ¿qué es Irlanda sino romanticismo?), dejó escrita en el molde de la balada una de las más tristes composiciones que se pueden escuchar en lengua de hombres: “The Last Rose of Summer”. Es éste un poema de esplendor pasado y pétalos que el viento, cada vez más gélido, esparce. Con un lenguaje bien distinto y con otra sensibilidad menos resabiada que la que Carnero exhibe, alguna línea suya podría comparecer en ese poema de Verano inglés en que se citan canciones que son correlato de la experiencia del poeta o su máscara: un hombre de cincuenta y un años que vive la que tal vez sea su última relación amorosa.
Se puede ver una sugerente polisemia en el título, Verano inglés: la biografía íntima de una temporada en Inglaterra, por razón de amor toda ella convertida en verano hasta la comparecencia de los días grises y cortos, ya sin la lumbre de la carne amada; pero también, pienso, la representación de una estación que es falsa y simulacro, pues un verano inglés, y más para un español del Levante como lo es Carnero, es algo que queda muy cerca del otoño (fresco y lluvia están siempre presentes, y a los intervalos soleados se les llama spells, palabra que también designa a los hechizos, lo que resalta su rareza). En este último sentido, el verano inglés podría aludir a la estación de plenitud y madurez del protagonista poemático, que vive una relación a ratos borrascosa, a punto ya de entrar en sus días otoñales.
El libro comienza con unos poemas que no están lejos del Carnero de siempre, barroco y culturalista hasta el exceso. Sin embargo, conforme se avanza por las páginas y la historia de amor que los versos presentan, la poesía se va haciendo más confesional y temblorosa de emoción, porque, sea lo que fuere lo que le haya sucedido en ese año de su vida (abril de 1997-abril de 1998) al hombre que firma Verano inglés, al sujeto de los poemas lo golpea la decadencia de una relación que, según vamos leyendo, está abocada (otra tautología: ¿y cuál no lo está?) a un fin doloroso más pronto que tarde.
Esta última entrega de Carnero discurre de forma continuada a través de sus veintiséis poemas, sin cesuras entre ellos, sin apartados, como la vida, en la que todo es transición y raramente hay compartimentos estancos; sin embargo, como se apuntaba arriba, ya en el último tramo del libro las sombras personales iluminan con la belleza de la poesía las líneas; así en el desolador “Villancico en Gaunt Street”, en cuya penúltima estrofa leemos las palabras terribles: “Voy a un lugar que no te gustaría; / tengo un papel muy corto en el último acto. / El argumento es simple y sin sorpresa, / mientras va haciendo frío y se apagan las luces. / Más tarde cada cual se sumerge en su noche. / Tú vas hacia la luz; debo decirte adiós / y perderte de vista en el aire encendido.” Siguen líneas que bien podría haber escrito Juan Luis Panero hasta casi su último verso: “En el extremo oscuro de la barra / un hombre gordo apura su bebida, / manchas de grasa y barro en el viejo uniforme / y una venda en la frente con un punto de sangre. / Al fondo de su vaso lloran dos ojos tristes, / perdidos para siempre tras el cristal del tiempo. / Piensa que fueron suyos y murmura: / Guillaume, qu’es-tu devenu!.
Sin poder negar su procedencia, su impronta novísima, el autor no duda en dejar aquí y allá citas que van de Elton John y Wordsworth a Villamediana y Garcilaso. Además de los guiños explícitos, aún es posible ver otros. El lector amigo de los ecos y las coincidencias puede, por ejemplo, tomar las dos últimas estrofas del poema “Mujer escrita” y compararlas con dos composiciones de Yeats, de las que son la perfecta síntesis (me refiero a “El amante ruega a su amiga por los viejos amigos” y a “Cuando seas vieja”, de El viento entre los juncos y La rosa, respectivamente).
Salvo un fallido poema de humor/amor en pareados, forma que en la tradición inglesa tiene unas cualidades de las que carece en español, los poemas del libro discurren por la acostumbrada senda de la silva, los endecasílabos y los alejandrinos, en elegante verso blanco, a veces demasiado puntilloso y artificial, como cuando se emplea la diéresis para ganar sílabas. Por eso son más incomprensibles descuidos como los versos “piérdela, duda, persíguela jugando” (p. 15) o “que llaman felicidad los diccionarios” (p. 69), que van sobrados de una sílaba frente a sus vecinos y le ponen la zancadilla al ritmo. También duerme Homero, y esas deficiencias, y cierto barroquismo de época (la de los 70), son pequeñas faltas en el conjunto de este hermoso libro de hojas otoñales.

lunes, 7 de julio de 2008

Exposición sobre Yeats




Hoy seré breve: sirva esta entrada para recomendar la visita virtual de la exposición que sobre el poeta W. B. Yeats alberga la Biblioteca Nacional de Irlanda. Me ha puesto sobre la pista la traductóloga María Ángeles Conde. Realmente merece la pena recorrer la exposición, y por baratos que sean con Ryanair los vuelos a Dublín, esto de verla desde el ordenador sale gratis. Y además, no se está sometido a horarios ni a chaparrón que aceche a la salida. Aunque, bueno, nunca están mal unas gotas para refugiarnos en el pub, ¿no?
En serio, el enlace es una joyita, con libros, pinturas, vídeos y muchas cosas más.

domingo, 6 de julio de 2008

Preliminar

Hace años que esta cita antecede a la edición de mi poesía reunida, dispuesta como pórtico para cuando ésta se publique. Es, como casi todo lo de Cirlot, estremecedor, y no la hago propia, porque ya lo era antes de que me propusiera adueñarme de ella:

porque en esta vida no he sabido o no he podido
trascender la condición humana, y el amor ha sido mi elemento,
aunque fuese un amor hecho de nada, para la nada y donde nunca.

(Juan Eduardo Cirlot)

sábado, 5 de julio de 2008

Cuarentena (18)

18

Una noche de paga me encontré con un amigo al que no veía hacía tiempo. Nos saludamos y decidimos beber un rato juntos en alguna de las tabernuchas que se arraciman junto al puerto. Fuimos andando por las calles repletas, recordando días mejores, conocimientos comunes, circunstancias. Al pasar junto a un lugar desde el que nos llegaba un hilo de conversación empapado en vino, nos condujeron nuestros pasos al interior, y antes de que nos diéramos cuenta ya estábamos brindando por todo lo que un hombre honrado no debería brindar.
La hija del tabernero, cada vez que nos rozaba yendo de un lado para otro con las bebidas, dejaba caer de su boca palabras impronunciables que nunca había escuchado yo a una mujer y creo que tampoco a un hombre. Por lo que afirmaba mi amigo, él tampoco había oído nunca cosa igual. No eran voces sueltas, simples blasfemias o palabras gruesas, sino las más retorcidas obscenidades en las que entraban, revueltos, los miembros de su familia, los parroquianos, nosotros mismos, ella. Un momento se detuvo en mi oído, y lo que me dijo me provocó al mismo tiempo una poderosa erección y unas arcadas que me llevaron precipitado a la suciedad del retrete.
Mi amigo no comprendía, pero al volver yo lo vi más rojo que la sangre que le caía de un labio, y diciéndome, rogándome, que nos marcháramos enseguida. Así lo hicimos, pero al llegar a un callejón, no sé por qué, la emprendimos a puñetazos el uno con el otro. Yo llevé sin duda la peor parte, pues salí vivo.

viernes, 4 de julio de 2008

En la azotea




En Coria del Río se edita, o editaba (no sé) la revista Azotea, con la que tanto tuvo que ver mi llorado amigo Fernando Raya, que me acompañó en la aventura de ser poeta impreso en una mala y entrañable copia de aquellos libritos de la editorial Trieste. Y la otra noche, entre amigos corianos, leímos en la Casa de la Provincia José Carlos Rosales, Javier Bozalongo, José Antonio Mesa Toré y yo mismo. Al terminar el recital, subimos a otra azotea, la del edificio, quizá la más bella de Sevilla, y nos explayamos con la visión, al sur, del Patio de Banderas, el Alcázar, los Jardines de Catalina de Ribera, las torres de la Plaza de España. En dirección contraria, coronando la catedral, la Giralda, sobre la que vimos cómo se ponía la noche y se duplicaba, aún más la belleza. Mucho más cerca de cómo aparece en un poema de Cernuda, "Jardín antiguo", que evoca: "A lo lejos, la torre esbelta / Tal flor de luz sobre las palmas." Creo que esta foto la hizo el hijo de dos amigos recién conocidos, Pilar y Alfredo, que pronto marcharán de viaje a Irlanda. Precisamente hace algunos años se celebró en esta misma azotea, también en junio, claro, el Bloomsday. Aquí leyó, bajo los mismos platónicos vencejos, Javier Salvago su poema "Ulises".

Del género tonto

Un tonto embozado en el anonimato me manda un mensajito en que dice -miente- que la biografía de Cernuda que ganó el Comillas no aporta nada nuevo a lo ya publicado, a la vez que deplora algunos juicios políticos que se recogen en el libro. Lo primero es propio de un lector de corto alcance, doblado de embustero (si no, además, me temo, de erudito celoso de defender su negociado de ponencitas y trienios). Lo segundo es el mismo tipo de crítica que han sufrido, y sufren, los que han denunciado al bueno de Pol-Pot, al Comandante Fidel o al Padrecito Stalin. La que ha padecido Octavio Paz, por ejemplo, gran amigo del poeta sevillano. La verdad escuece, ya se sabe, y también que hay individuos que no quieren que se les mueva ni un ápice de sus prejuicios y verdades prestablecidas. En cuanto uno afirma, con datos y entre mil informaciones de toda índole, que Cernuda se alejó de su primera y vaga simpatía con el comunismo y que éste cometió crímenes y desafueros como los muchísimos que cometieron los del otro bando, siempre hay algún "Don Quintín el Amargao" que se revuelve y echa espumarajos, como si la hoz de su martillo se le hubiera clavado en el cieno de su boca. Cernuda fue persona de izquierdas comprometida con la República, enemigo de Franco y el fascismo, pero no imbécil como mi mal informado corresponsal, recalcitrante militante en el error -digo, el horror-.

He colgado en este blog críticas y discrepancias respetuososas. La lista de mis enlaces es lo más plural que imaginarse pueda. Pero el fanatismo trasnochado me disgusta. Así que a la papelera el tonto y sus monsergas.

jueves, 3 de julio de 2008

Cuarentena (17)

17

De entre su extensa colección de libros sobre licantropía, el erudito escoge uno y se lo da a leer a su amada. Le encarece su lectura, pues —le dice— muchas y útiles enseñanzas extraerá de él. La amada se lleva el libro, un volumen encuadernado en piel —¿de qué animal?— a su casa, y el erudito no sabe nada de ella durante días. Preocupado por su ausencia, y temiendo algún accidente o percance, una mañana acude a donde ella vive. Subidas las escaleras y cuando parece que se va a abrir la puerta, un aullido responde al timbre. Luego pasos veloces, y ella que azoradísima le franquea la entrada y lo lleva hasta el salón. Allí el libro, sobre el suelo, ulula que pone el vello de punta. La alfombra está arañada y sucia. El perrito faldero, degollado.

miércoles, 2 de julio de 2008

Cuarentena (16)

16

Por cada golpe que da el hacha en el árbol, dos nuevos árboles crecen en la isla. Por cada tronco derribado surge un bosque en esa isla llena de milanos. No hay leñadores bastantes para echar por tierra el numeroso mástil y su bandera de hojas, pero sí hay sin embargo el rayo, y existe el fuego, y podrán venir las cenizas.
El solitario lleva sus pasos hasta el lugar más hondo de la espesura, y allí se recuesta en un tronco y escucha el corazón del bosque, que late al compás del suyo, sonido interrumpido por las aves, por un trote de patas fugitivas de corzo. Piensa el solitario en que caerá la noche y despuntará el día que llegará a su cenit para luego hundirse. Piensa en la segunda noche que le espera y el alba helada del tercer día, la fecha fijada para su muerte.
Se prepara a bien morir, en paz consigo mismo y con el mundo. No tiene herencia que dejar si no es el humus fresco de su carne. Algunos árboles se lo agradecerán.

martes, 1 de julio de 2008

Otro poeta escocés: Sorley MacLean


El verano que estudié en Edimburgo comencé a adentrarme en el gaélico escocés, y a mi regreso tuve la fortuna de conocer, y tratar, a una hablante nativa de la isla de Barra, que residía en Sevilla. Tradujimos juntos bastantes poemas, y antes de centrarnos en composiciones anteriores al siglo XX, en su mayor parte anónimas, pusimos en español a Sorley MacLean (Somhairle MacGill-Eain). Siete poemas se publicaron en la revista Con Dados de Niebla (número 6, 1988). Ligeramente revisado hoy, he aquí uno de ellos, traducido al alimón, ya dije, con Catriona Zoltowska:


LA PESADILLA


Una noche de aquellos dos años
en que pensé que mi amada estaba herida
con la peor mancha que cayera
sobre mujer alguna desde tiempos de Eva,
estuvimos juntos en un sueño
junto al muro de piedra
que está entre el patio de los niños
y el d las niñas de mi primer colegio.
Ella estaba en mis brazos
y mi boca se acercaba a sus labios,
cuando apareció la cabeza espantosa
de improviso tras el muro;
las manazas sombrías
apretaron horrendas mi escuezo,
y siguieron palabras de desesperación:
“Llegas tarde, so idiota”.